Más importante que detallar lo que debería hacerse en la economía española (que, en mi opinión, aparece claramente en las propuestas del programa electoral de Unidos Podemos, al cual remito al lector), creo urgente definir las líneas generales de tal programa y, lo que es más importante, señalar la enorme urgencia de que haya un cambio profundo en las políticas públicas, tanto económicas como sociales, que han venido siendo impuestas (y digo impuestas pues no estaban en sus ofertas electorales) por los diferentes gobiernos que ha habido desde el inicio de la Gran Recesión (el PSOE y el PP en España, y CIU en Catalunya), políticas que han sido presentadas como las únicas posibles, consecuencia del mandato del establishment europeo que gobierna la Eurozona (el Consejo Europeo, el Eurogrupo, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo), así como del Fondo Monetario Internacional.

Pero antes de iniciar tal reflexión, es importante entender cómo y por qué aparece la Gran Recesión, señalando que el conocimiento económico dominante no ha sido capaz ni de explicar ni de prevenir su aparición, y ello como resultado de haber despolitizado tal conocimiento económico, atribuyéndole una autonomía en su elaboración y desarrollo que es a todas luces erróneo. En realidad, era bastante fácil ver que la Gran Recesión era inevitable (como algunos señalamos) dadas las coordenadas de poder que configuran el contexto político que determina la economía. No puede entenderse lo que ha estado ocurriendo desde los años ochenta (periodo que constituye el prólogo de la Gran Recesión) sin comprender, por ejemplo, las relaciones de poder existentes en un país y a nivel internacional, entre las cuales, las relaciones entre el mundo del capital (una minoría poblacional que posee, controla y/o gestiona las grandes empresas financieras, industriales y de servicios) y el mundo del trabajo (la mayoría de la población que deriva sus ingresos del trabajo remunerado) son de una enorme importancia, pues determinan la distribución de las rentas, uno de los factores clave para explicar la situación económica de un país o de un continente.

Los orígenes de la Gran Recesión: la respuesta del Gran Capital a los avances el mundo del Trabajo

El hecho político-económico más importante de la segunda mitad del siglo XX en el mundo occidental, fue la derrota del nazismo y del fascismo en la II Guerra Mundial, que inició una de las etapas más progresistas que se hayan conocido en el capitalismo avanzado, con un gran crecimiento de las rentas derivadas del trabajo y el establecimiento del Estado del bienestar que, lejos de coaptar a las clases trabajadoras en el sistema capitalista, las empoderó para aumentar el nivel de sus demandas y exigencias, que en algunos lugares donde el mundo del trabajo tenía mayor poder (como en ciertos países escandinavos) llegó incluso a pedir cambios en la propiedad de los mayores medios de producción (como las reformas Rudolf Meidner en Suecia), exigiendo su democratización, pasando de ser gestionadas por el sector privado a pertenecer al público.

Fueron estos avances del mundo del trabajo los que precisamente crearon la respuesta del mundo del capital en defensa de sus intereses. Las victorias del presidente Reagan en EEUU y de la primera ministra británica Margaret Thatcher, iniciaron la revolución (en realidad, contrarrevolución) neoliberal, lo que supuso un ataque frontal al mundo del trabajo, que ha sido exitoso y que lo ha ido debilitando. Los datos hablan por sí mismos. Las rentas del trabajo, que habían alcanzado a finales de los años setenta el 70-75 % de todas las rentas en la mayoría de los países capitalistas desarrollados a los dos lados del Atlántico Norte, han ido disminuyendo progresivamente hasta alcanzar un 58-64 % en el año 2009.

Ahí está el origen de la crisis económica, puesto que el descenso de las rentas del trabajo creó un déficit de demanda doméstica, que causó el bajón en el crecimiento económico, e incluso su regresión. Dos hechos, sin embargo, suavizaron durante el periodo 1980-2009 la desaceleración económica provocada por el descenso de las rentas del trabajo. Uno fue la reunificación alemana, que supuso una gran inversión pública en la Alemania Oriental por parte del Estado federal alemán, y que se financió a base de un importante crecimiento del déficit público alemán. Debido a la centralidad de la economía alemana en Europa, esta inversión estimuló a toda la economía de la zona, frenando el bajón del crecimiento económico.

¿Por qué se ha ido expandiendo la financiarización de la economía?

El segundo hecho que provocó que el descenso de las rentas del trabajo no se tradujera en una mayor reducción del crecimiento económico fue el endeudamiento tanto de las pequeñas y medianas empresas como de las clases populares. Este endeudamiento fue la causa del enorme crecimiento del capital financiero (basado en aquel momento en la economía del crédito) particularmente acentuado en los países donde las rentas del trabajo habían bajado más (y las desigualdades de rentas que ello determinaba habían también aumentado más) como fue en los países periféricos de la Eurozona, incluyendo España, donde el tamaño de dicho sector financiero es proporcionalmente mayor (el doble) que el existente en EEUU.

Es más, la baja rentabilidad de la economía productiva (debido precisamente a la escasa demanda doméstica), hizo que las inversiones del capital financiero fueran desplazándose de la economía productiva (donde los bienes y servicios se producen y distribuyen) a la economía especulativa (como es el caso de los sectores inmobiliarios) creando lo que se ha denominado “el capitalismo de casino”. Estos comportamientos especulativos de las instituciones financieras crearon las burbujas que al estallar ocasionaron las crisis financieras que han caracterizado el inicio de la Gran Recesión.

El euro como contribuyente a la crisis

Facilitando la acentuación de estas crisis económicas y financieras en Europa, hubo el establecimiento del euro, que si bien no causó la Gran Recesión, sí que contribuyó enormemente a agudizarla. Ello fue consecuencia de que el euro se creara bajo la enorme influencia política del capital financiero europeo –hegemonizado por el alemán–, lo que ha reducido todavía más las rentas del trabajo, resultado de la imposición, por parte de las instituciones de gobernanza del euro (tales como el BCE, el Eurogrupo y la Comisión Europea), de políticas públicas de claro corte neoliberal (reformas laborales en contra de los sindicatos, políticas fiscales regresivas, y recortes de gasto público, y sobre todo del gasto público en las transferencias y servicios públicos del Estado del Bienestar) cuyo objetivo principal era debilitar al mundo del trabajo, creando con ello un gran drama humano, social y económico, drama particularmente acentuado en la periferia de la Eurozona (es decir, en los llamados ofensivamente PIGS –cerdos en inglés–, Portugal, Irlanda, Grecia y España).

Las necesarias respuestas progresistas a este ataque neoliberal

A la vista de la realidad presentada en la primera parte de este artículo, es fácil determinar cuáles son las soluciones a esta situación: pasan precisamente por la reversión de la distribución del poder, favoreciendo sistemáticamente al mundo del trabajo a costa del mundo del capital. La redistribución de las rentas (y de la propiedad del capital) debe ser el punto de partida de tal estrategia progresista. Pero para que ello pueda ocurrir, es necesario que las fuerzas progresistas cuestionen los esquemas ideológicos aportados por el mundo del capital, y que muchas izquierdas (como gran parte de los partidos socialdemócratas) hicieron suyas. Entre ellos, existe la creencia (ampliamente extendida y promovida por los medios de información y persuasión, claramente influenciados por el mundo del capital, y muy en especial, por el financiero) de que no hay alternativas posibles a las políticas de recortes impuestas para cumplir con la ortodoxia neoliberal. La evidencia de que la aplicación de estas políticas ha sido nefasta para el bienestar de la mayoría de la población es enorme.

Otro argumento recurrente de la ortodoxia neoliberal es que hay que reducir el gasto público social, pues este se ha desbordado, resultado de los cambios demográficos (que han creado la supuesta inviabilidad de las pensiones públicas), o de la falta de disciplina fiscal (la famosa laxitud de los países periféricos –PIGS– en su gasto). Existe abundante evidencia científica que muestra la gran falsedad de estos razonamientos. Y como el conocimiento es poder –realidad de la que el mundo del capital es plenamente consciente, de ahí su absoluto control de los medios de información y persuasión–, no es de extrañar que la publicación del libro Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España (Ed. Sequitur), que coescribí junto con Juan Torres y Alberto Garzón, jugara un papel importante en el empoderamiento del movimiento de los indignados, el 15-M. En contra de lo que muchos medios constantemente aducen, en España tanto los salarios, como el porcentaje de población ocupada y la inversión pública son demasiado bajos, por no hablar del Estado de bienestar, que carece de la financiación necesaria para sostener una economía justa, sostenible y eficiente. El mayor obstáculo para el desarrollo humano, político, social y económico del país es su enorme desigualdad y concentración económica, facilitada por la escasa representatividad de las instituciones políticas, consecuencia del maridaje entre el poder financiero y económico por un lado, y el poder político y mediático por el otro. La escasísima diversidad ideológica en los medios de información y persuasión es un ejemplo de ello.

La necesidad de terminar con el determinismo económico

El segundo obstáculo importante para salir de la Gran Recesión se refleja en el determinismo económico utilizado como argumento habitual para justificar la necesidad de políticas neoliberales, alegando que es la globalización la que fuerza su implementación. De esta forma, se está negando el valor de los factores políticos a la hora de responder a dicha globalización. El discurso neoliberal imperante intenta despolitizar constantemente lo que es profundamente político. Aduce, por ejemplo, que es necesario reducir los salarios y eliminar el Estado de bienestar como consecuencia de la globalización económica cuando, en realidad, las economías más globalizadas en Europa, como Noruega y Suecia, por ejemplo, tienen salarios altos y un avanzado Estado de bienestar, y ello como consecuencia de la fuerza que el mundo del trabajo ha tenido históricamente en estos países1.

Otro determinismo, el tecnológico, intenta también despolitizar lo que es profundamente político, al atribuir el elevado desempleo a la revolución digital, indicando que la robótica está eliminando los trabajos, creando un futuro (ya muy próximo) en el que no habrá trabajo. De nuevo, la evidencia no muestra tal realidad2. Que se reduzcan en unos sectores, no obstaculiza que aumenten en otros. Hay una enorme necesidad de crear puestos de trabajo en, por ejemplo, dos sectores clave. Uno es en la inversión social. Si España tuviera el porcentaje de la población que trabaja en el Estado del bienestar que tiene Suecia, habría 3,5 millones más de puestos de trabajo. Y el otro es la reconversión de la economía en base a nuevas formas de energía, reconversión que crearía otros tres millones más de puestos de trabajo.

Pero para que ello pueda ocurrir, se necesita un cambio sustancial, no solo de gobierno, sino también de las políticas públicas que se están aplicando hoy día en España, impuestas por el establishment que gobierna la Eurozona. De ahí la importancia de revertir tales políticas e iniciar (en alianza con otros gobiernos, partidos y movimientos sociales) los cambios en las instituciones en manos de la élite dominante en la dirección señalada en este artículo. Hoy, debiera ser prioritario el estímulo de la economía, incrementando las rentas del trabajo y expandiendo el Estado de bienestar, reorganizando la economía en otras bases y fuentes energéticas, en un proyecto democrático, justo, equitativo, sostenible y eficiente. Medidas que, en contra de lo que constantemente se indica, pueden y deben hacerse en colaboración con otros gobiernos que también cuestionen la ortodoxia neoliberal y cuyo número, sin lugar a dudas, irá aumentando. Tales medidas empoderarán a las clases populares para permitirles aumentar el nivel de sus exigencias, garantizando así que el quehacer económico responda a las necesidades de la población, definidas democráticamente, en respuesta a aquel principio de que “a cada ciudadano según su necesidad, y de cada ciudadano según su habilidad y capacidad”, principio con el cual están de acuerdo la mayoría de las clases populares de los distintos pueblos y naciones que constituyen España y la Unión Europea. Éste debería ser el reto de las fuerzas progresistas: ayudar a las clases populares a alcanzar este deseo.

1 Vicenç Navarro. “Sí que hay alternativas al determinismo económico y/o tecnológico”, 2016

2 Vicenç Navarro. “¿Es el crecimiento del desempleo y de la precariedad consecuencia de la revolución digital?”, 2016