FUTUROS ALTERNATIVOS PARA EL PAIS: UN FUTURO SOSTENIBLE PARA TOD@S

Es necesario imaginar un escenario alternativo a las tendencias por las que vamos encaminados. Es necesario pasar de los diagnósticos a las propuestas. Es necesario imaginar un futuro sostenible para lograr entre todos llegar a él . Es la hora de actuar.

  1. Cambiando el ESCENARIO: un futuro sostenible

Es posible visualizar un futuro para dentro de 20 o 30 años donde todo funcione mejor. Es difícil imaginarlo pero es posible. Es posible imaginar un futuro donde lo más importante y prioritario sean las personas. Un futuro donde no sea necesario el rescatarlas. Un futuro donde haya mucha menos desigualdad, donde el desempleo sea mínimo. Un futuro donde exista una sanidad pública al alcance de todos. Un futuro basado en las energías renovables, en la autosuficiencia y en el autoconsumo, un futuro donde la enseñanza se merezca el lugar que debe en la sociedad. Es posible imaginar bosques feraces y paisajes con agua, y zonas de cultivos sin grandes dosis de fertilizantes y fitosanitarios. Es posible imaginar paisajes bien conservados. Es posible imaginar infraestructuras adecuadas alas necesidades sin despilfarros de territorio ni de recursos, integradas con el paisaje donde se minimice el efecto barrera. Es posible imagina una costa bien conservada donde las edificaciones estén lejos de la primer alinea.

Es posible imaginar un futuro sin mezcla de austeridad y corrupción, Sin escándalos delos políticos, donde estos actúen y sean ejemplares para el conjunto de los ciudadanos

Es posible imaginar un escenario donde cambio climático esté más o menos controlado. Un mundo con inversiones serias  en adaptación al cambio climático debido a la alta vulnerabilidad del país.

Donde se hayan realizado labores de  adaptación en todas las ciudades –especialmente en las más grandes– y en todos los sectores, sobre todo en aquellos que cuentan con una mayor dependencia del clima como son la agricultura, la ganadería o el turismo.

Un mundo con elevados valores de biodiversidad, protegiendo  anfibios o reptiles y otras especies,  algunas emblemáticas, como el lince, el lobo o el oso. Un pais con soberanía alimentaria, con densidades adecuadas de población en el medio rural, donde la gente pueda en parte producirse su propia energía. Es posible imaginar otros indicadores donde no se hable solo del PIB, donde se intente medir el bienestar y la calidad de vida. Donde haya un empleo digno y sostenible.

Es posible imaginar un entorno donde más del 25% de la población no esté sometida diariamente a niveles de contaminación inadmisibles y peligrosos. Es posible imaginar unos ríos y masas de agua donde no esté el 50% de las masas de agua interiores que incumpla los niveles de calidad de la Directiva de Aguas. Es posible imaginar ríos con aguas totalmente depuradas, donde los municipios y las industrias pueda coger aguas mas debajo de donde las vierten. Es posible imaginar un mundo con una economía circular en pleno funcionamiento. Donde el reciclaje sea de un 100%.  La economía circular no acaba de despegar, la recuperación y el reciclaje han mejorado pero todavía les queda un largo recorrido.

Es posible imaginar que se pueden reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, igual que en toda Europa.

Un país donde los incendios forestales estén controlados, sin víctimas mortales y sin millones y millones de euros perdidos y graves efectos ecológicos. Sin abandono de los ecosistemas forestales, con inversiones en prevención.

Donde se protejan ecosistemas de gran valor natural como humedales, bosques maduros o estepas. Donde la superficies protegidas se hayan planificado de una forma integral.

La resiliencia, será la palabra clave para los próximos años. Incluye las actuaciones que hay que hacer en nuestras ciudades, nuestras empresas y nuestros ecosistemas, para que la situación no se convierta en un desastre en muy pocos años. Así, deberemos empezar a trabajar en nuestras costas (alejar las zonas habitadas, dejar ecosistemas naturales, etc.), en nuestro bosques (actuaciones para favorecer masas más adaptadas al cambio climático…), agrícolas (cambio de variedades, reducir regadíos…), ciudades (revisar sistemas de captación de aguas, carriles bici, tranvías, leds en iluminación, reducir pérdidas de agua…), energía (evolucionar hacia energías renovables, aumentar el autoconsumo…), etc.

La ecuación se torna más evidente si cabe cuando se observa que es mayor el “coste de no actuar” que el de actuar. Es más cara la desigualdad extrema que la igualdad, es más cara la corrupción que la trasparencia y al rendición de cuentas. Es más caro apagar los incendios cada verano con los importantes gastos que conlleva su extinción a la prevención durante todo el año, es más caro depurar unas aguas que dejar de conminarlas, por no hablar del cambio climático, donde la ausencia de actuaciones tempranas nos está llevando a puntos de no retorno.

  1. GUIÓN

Pero si queremos optar a ese futuro sostenible tenemos que actuar de una forma rápida, eficiente e inteligente. No existe una bala de plata, No existe una bala de plata. Este guión deberá afectar a todos los sectores y tendrá que ser tanto por mecanismos voluntarios u obligatorios. En todos los sectores (energía, transporte, industria, agricultura, edificación, gestión de residuos) y la solución pasa porque los distintos actores tienen diferentes responsabilidades y cada uno debe actuar en su parte.

Algunas de las actuaciones variables que nos llevarían en esa dirección son siguientes:

  • Es imprescindible incluir la sostenibilidad en todas las políticas, encaminarnos hacia una economía baja en carbono y mejorar la eficiencia de la energía en el transporte, la construcción y la industria
  • Es necesario implementar la economía circular tendiendo al residuo cero y que sean considerados materias primas de otros procesos
  • Implementar la movilidad sostenible, creando mercados de cercanías, minimizando un transporte contaminante y despilfarrador
  • Los recursos naturales deben ser gestionados de una forma sostenible e inteligente
  • Es necesario, por ejemplo, un gran plan de infraestructuras verdes, de prevención de los incendios forestales, de respeto a la biodiversidad, de depuración de todas las aguas residuales y de recuperación de la calidad ecológica de las masas de agua
  • Para ello, es importante diseñar un plan contra la pobreza hídrica y recuperar la gestión pública del agua
  • Se han de restaurar los ecosistemas clave, particularmente los asociados a los recursos hídricos y la biodiversidad, e implementar corredores ecológicos entre espacios protegidos para generar una malla
  • A su vez, hemos de ser capaces de poner en marcha un plan específico de gestión integrada de zonas costeras que impida la construcción en los primeros 500 metros del litoral y que anule la ley de costas de 2013
  • Un futuro sostenible pasa por realizar un plan de reducción de emisiones y de adaptación al cambio climático en ciudades y sectores productivos con las empresas, los ciudadanos y la administración; por blindar las infraestructuras estratégicas como la captación y depuración de aguas
  • Se ha de potenciar la instalación de paneles solares fotovoltaicos y térmicos para fomentar el autoabastecimiento y la energía distribuida.
  • En cuanto a las infraestructuras, resulta clave fomentar la intermodalidad entre el ferrocarril y los puertos y gestionar de forma eficiente y sostenible las ya existentes.
  • Se prohibirán el fracking y los transgénicos y evitarán los riesgos del TTIP
  • Actuaciones de mitigación a nivel local, regional o nacional con el desarrollo de tecnologías, sistemas, métodos e instrumentos para su incorporación a todos los sectores y políticas
  • El nuevo modelo, que podríamos denominar, menos carbón más silicio, proporcionara oportunidades de empleo.
  • Adaptación al Cambio Climático. Tanto a nivel local, regional o nacional, se deberán desarrollar y demostrar tecnologías, sistemas, métodos e instrumentos para su incorporación a todos los sectores. Además en todas las áreas políticas, deberá desarrollarse mejores prácticas y de soluciones para esta adaptación al cambio climático, incluidos, en su caso, enfoques eco sistémicos. Desde las ciudades a todos los sectores, empezando por los sectores más dependientes del clima como la agricultura o por aspectos ambientales tales como el agua. Las ciudades son especialmente vulnerables y se deben ir adaptando.

PERSONAJES

  • Las administraciones han de dar ejemplo de actuaciones de sostenibilidad, realizando planes de compra y contratación verde, abasteciendo comedores, hospitales, centros de día, comedores de  colegios y de centros institucionales, etc. con productos de agricultura o ganadería  ecológica y de pesca sostenible de nuestros agricultores, ganaderos y pescadores concienciados en el  respeto a la naturaleza, la protección de los ecosistemas  ,  blindando un seguro para estos  productos sostenibles, con la identificación en toda la cadena productiva de un etiquetado que proteja el trabajo, los salarios, el empleo y que de al consumidor toda la información para un consumo responsable, son  las instituciones quienes primero tienen que dar ejemplo. Deben de asumir los planes de reducción, incentivos para cambios de tecnologías, planes de adaptación, de mitigación, de concienciación… y, sobre todo, deben evitar las políticas contradictorias y las subvenciones perversas. En efecto: por una parte, hacen planes de reducción y, por otra, fomentan la minería de carbón o el transporte por carretera. La valoración de los impactos del cambio climático ha puesto de manifiesto la necesidad de tomar medidas urgentes por parte de los gobiernos a nivel mundial, regional y local. Como ejemplo, la administración Obama acaba de lanzar un plan para reducir sus emisiones un 30%, mientras presentaba los problemas que ya está teniendo el cambio climático en USA.
  • Las empresas e industrias deberán potenciar su comportamiento ético y ejemplar. El nuevo modelo productivo se basará en el comportamiento verde de las industrias. En el tema del carbono, por ejemplo, Por ejemplo, las EMPRESAS. La mitad de las emisiones de España son de fuentes difusas (transporte, sectores de servicios, calefacciones, etc.) y el resto fijas. En la parte de fuentes fijas (energía, siderurgias, cementeras…) ya hemos dejado constancia escrita de que tan solo 10 empresas son responsables del 65% de todas las emisiones. Lo cual evidencia que es mucho más fácil incidir en estas emisiones fijas que en el resto de las emisiones difusas realizadas por los otros 45 millones de decisores. De ellos se deduce también el concepto de responsabilidad climática empresarial, donde se evidencia quién emite, cuánto, además de que los que están causando esos efectos deben asumirlos. Asimismo, está demostrado que los instrumentos de mercado (de CO2) no han funcionado y que incluso los que contaminan cobran. Una de las propuestas sólidas para el tránsito hacia una economía baja en carbono es poner un precio a la tonelada de carbono emitido. Aunque los fracasos en este tema han sido sonoros como consecuencia de los aspectos relativos al comercio de emisiones, que hoy arroja un ridículo precio de 5 euros por tonelada. En la Cumbre sobre el Clima del pasado mes de setiembre, celebrada en Nueva York, en Naciones Unidas, 73 países y 22 estados, provincias y ciudades —responsables en conjunto del 54% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero y del 52% del PIB mundial— se unieron a más de 1.000 empresas e inversionistas para expresar su apoyo a la fijación del precio del carbono. Este proceso iniciaría nuevos avances mediante un descenso de los costes unitarios de tecnologías limpias o de las energías renovables, a medida que se generalicen. Un precio del carbono alto puede impulsar el cambio necesario. Para ello, debe ser idealmente estable, robusto y de carácter global. También debe ser apoyado por políticas y normas complementarias. Dado que muchas inversiones son a largo plazo, la iniciativa ha de contar con la confianza a ese largo plazo para invertir en soluciones de baja emisión de carbono. Será preciso que se revise con el paso del tiempo, elevando la cuantía del precio establecido para incentivar la reducción progresiva de nuevas emisiones y permitiría modificar las reglas de los negocios en el cambio climático, y hacer que el potencial de innovación y las inversiones se orienten en esa dirección, haciendo que sean más rentables directamente las inversiones que cumplen esos objetivos, como es el caso de las renovables. Permitirá que las empresas que tomen en consideración esa nueva situación puedan contar con los retornos esperados por sus inversores. Y puedan seguir estrategias y proyectos que reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero, lo que hará que las empresas más sostenibles tengan más éxito. Y permitirá que los negocios de bajo carbono sean cada vez más business-as-usual.

En la senda de la transformación hacia una economía baja en carbono es fundamental enviar mensajes a los agentes económicos, para que en un marco de predictibilidad puedan emprender sus actividades, buscar soluciones tecnológicas, potenciar las políticas de innovación, cambiar procesos y tecnologías, y por supuesto orientar mejor sus inversiones.

Los financieros ya han empezado a enviar señales claras a los mercados decantándose hacia empresas y sectores menos contaminantes y más bajos en carbono. A medida que la transformación sea mayor, se van a crear nuevas empresas con productos y servicios innovadores que buscarán no afectar al cambio climático.

  • Los ciudadanos tendrán cada vez un papel más fundamental. Deberá darse una sensibilización deberá apoyarse tanto para el público como para todos los sectores y partes interesadas con el objeto de facilitar el uso compartido de conocimientos sobre soluciones y prácticas climáticas de éxito. Se deben exigir planes con objetivos, a los políticos y empresas para que se pongan a actuar.

CONCLUSIONES

Por estas razones, parece imprescindible apostar por una nueva política que tenga en cuenta la ecología. Una nueva política que incentive la transición hacia un escenario más sostenible, la reducción de emisiones, la energía producida de una forma razonable, la protección de la biodiversidad y de los recursos naturales, y que todas las políticas integren la variable del cambio climático y la sostenibilidad, que cree empleo, que disminuya la desigualdad, que respete el medio ambiente y que integre aspectos ambientales, sociales y económicos con principios éticos en todas las decisiones desde el diseño de las políticas y no a posteriori. Sino, seguro que empeorará la salud pública, se acentuarán las desigualdades, aumentará el paro, y la economía, sin duda, irá a peor.

Los economistas convencionales no parecen captar que lo que es bueno para la sostenibilidad y contra el cambio climático, es bueno para la economía. Cuanto antes pasemos a esa economía más baja en carbono, más ventajas tendremos respecto a todos nuestros competidores.

Conforme se acumulan las evidencias, incluso los más escépticos empiezan a reconocer lo imprescindibles que son la transformación de la economía, de los modelos de producción-consumo y los comportamientos de administraciones, empresas y ciudadanos. Ya está comprobado con una certeza de casi el 100% que las emisiones de CO2 provocadas por el hombre son las responsables de los cambios ya detectados en el clima y, de seguir las tendencias actuales, nos encaminamos a una subida generalizada de las temperaturas, un aumento de la irregularidad de las precipitaciones, un incremento de los episodios catastróficos y dramáticos, etc., y estas evidencias ya han sido detectadas en todos los continentes.

El clima es un “global common”, es decir un bien de todos, del que dependemos y del que todos somos responsables, y es evidente la insuficiencia de los instrumentos de mercado y la necesidad de avanzar hacia una gobernanza global si se desea reconducir la situación hacia un escenario sostenible. Ahora empiezan negociaciones en Nueva York, que culminan el año que vienen en París y que pueden ser decisivas para el futuro de la humanidad. Sin embargo, y a pesar de que muy pocos científicos niegan estas evidencias, los políticos no hacen prácticamente nada para encararlas. Solo mirando las partidas de los presupuestos generales del estado para estas materias nos damos cuenta del olvido de este tema crucial.

El escenario inmediato futuro obliga hablar de cambio climático, y es hora de empezar a proponer esta nueva política que tenga en cuenta la ecología, desagregada en planes, proyectos y programas debidamente valorados y cuantificados, y con una adecuada participación ciudadana se desarrollen estos programas. Sin duda, los ciudadanos, como no son estúpidos, elegirán un futuro sostenible.

En definitiva, se plantea un cambio de modelo energético y productivo basado en sectores sostenibles que busque un modelo bajo en carbono, mas basado en el “silicio que en el carbono”, es decir, más ordenadores y más investigación y desarrollo, apoyando la innovación y el I+D+i buscando una economía del conocimiento.

Es preciso que la cuestión ambiental, la ecología y la sostenibilidad sea tomada en serio por las instituciones, las empresas y la sociedad incorporándola en el núcleo duro de las actividades prioritarias tendentes a rescatar a España. La protección del medio ambiente y la regeneración del medio rural crearán empleo productivo para el común. Es necesario un nuevo contrato social que incluya a los bosques, las aguas, las costas, como parte de nuestra naturaleza. Cuanto antes lo hagamos mejor.