De un vistazo
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Post autoindulgente
Por Owen Jones

Este es un post auto indulgente, así que siéntete libre de no seguir leyendo. Nunca quise ser escritor, no disfruto particularmente escribiendo, y, visto de muchas formas, no soy un buen escritor. Escribo como medio para un fin, para intentar hacer más populars ideas y creencias a una audiencia más amplia, para hacer el “socialismo” (un término abstracto, cuando menos) accesible e interesante más allá de la burbuja del izquierdismo. Eso es por lo que hablo y escribo para el Guardian, voy a la tele y a la radio, uso las redes sociales, hago vídeos, viajo por el país haciendo charlas, visito escuelas y voy a clases de bachillerato, o hago cosas un poco más caprichosas como hacer una gira con Paloma Faith o hacer un documental de política con Joey Essex.

Intentar ser accesible y popularizar las ideas de izquierda no significa olvidarme de los asuntos que no afectan a la mayoría directamente. Cuando escribí sobre racismo y las personas LGTB la otra semana, algunos respondieron diciendo que era un tema superficial que distraía de la causa general de la izquierda. Pero cuando decimos que la izquierda trata de construir una sociedad para el interés de la mayoría, corremos el riesgo de olvidar que la propia mayoría está compuesta por muchas minorías con sus propias y específicas necesidades e interesas, problemas e injusticias.

Muy a menudo yo mismo me equivoco en esto, y no escribo siempre de una manera muy accesible o con el tono adecuado. Esto es un toque de atención importante.

Pero en todo lo que he escrito estaba tratando de rebelarme intencionadamente contra un tipo de comunicación propia de la izquierda. Hay un tipo de escritor izquierdoso que se regodea siendo inaccesible, o escribiendo y hablando de tal forma que sólo resuena en la burbuja académica de la izquierda. No parecen tener ningún interés en comunicar de tal manera que llegue a gente fuera de sus círculos. Quieren empatizar su propio radicalismo por encima del de cualquier otro. Es performativo: muy a menudo escriben con el único objetivo de impresionar a los que están en sus círculos más inmediatos y para tratar de demostrar su compromiso ideológico y celo a los que les rodean. No los lee nadie salvo los ya persuadidos, y eso les va que ni pintado.

Muy a menudo, la gente por la que este círculo tiene el mayor desprecio son los escritores de izquierdas quienes -no importa con qué fallos o problemas- tratan de al menos llegar a la gente más allá de los convencidos ideológicamente. Cuando escribí ‘Chavs’ algunos dijeron que no era suficientemente “téorico”. Pero hay ya muchos libros de izquierdas sobre teorías de clase, y no los leen estudiantes de clase trabajadora en los colegios del centro de las ciudades. He visto a otros compañeros escritores de izquierda ser atacados por estar genuinamente interesados en salir de su círculo más inmediato: un poco como, cuando era adolescente, algunos emo ridiculizaban a Blink 182 por ser demasiado comerciales/mainstream/populares.

La izquierda corre el peligro de convertirse en algo parecido a una subcultura, con su propia forma de comunicarse, que ha establecido un número de reglas complicadas que tienes que acatar si quieres ser miembro, un miembro que prácticamente disfruta de estar alejado de la población. Una población que, por cierto, normalmente ve las cosas de una manera con la que la izquierda no está cómoda en absoluto.

Si eres de izquierdas, en un momento como este -cuando el populismo de derechas está barriendo en occidente- tienes que seguir buscando preguntas. ¿Por qué hemos fallado en persuadir a tantas personas que han sufrido por la crisis? ¿En qué momento nos equivocamos en cómo comunicamos? ¿Estamos a veces más interesados en enfatizar nuestro propio radicalismo entre nuestros círculos que en persuadir a la gente fuera de ellos? ¿Hemos priorizado los asuntos correctos? ¿Somos demasiado críticos y hostiles con la gente que no comparte nuestras propias opiniones?

Yo mismo fallo en muchas de estas preguntas. Pero hay una tendencia en la izquierda que muestra poco o ningún interés en persuadir y ganar: y sin ambas, ¿qué sentido tiene esto? Ser de izquierdas significa que quieres transformar la sociedad, y no puedes hacer eso sin persuasión y sin ganar. Tienen que ser nuestros puntos de partida y de llegada. Si no lo son, entonces es que somos mucho más auto-indulgentes que este post que he escrito.