Sara Hebe: “El sistema y el poder están debajo de la piel”

Sara Calvo Tarancón

[FOTOGRAFÍA: ALFREDO ALMENDRO]

La primera canción que compuso fue Tuve que quemar y en ella se ve en la necesidad de prenderle fuego a la cama, a la almohada, a sus recuerdos y a la cúpula del Congreso de la Nación. La última, todavía está por escribir. Sara Hebe (Trelew, Argentina, 1983) es una rapera del sur que canta desde y hacia las periferias. Viene de donde la geopolítica y la cumbia villera difuminan sus fronteras. “Acusar de machista un determinado estilo es no hacernos cargo; la misoginia no es un monstruo externo ni solo vive en el reguetón o en la cumbia”.

Sara Hebe arranca una gira de tres meses por Europa en la que dará más de 20 conciertos con un nuevo formato de banda, un “power trío” con Edu Morote a la batería y su productor, Ramiro Jota, a los mandos del MPC, el bajo y la guitarra: “Hacemos un estilo diverso, hiphop, rap, sí, pero hay temas que son muy punkis. Tenemos cumbias, algunos temas con condimentos de la murga porteña argentina, que es un estilo popular y callejero, típico de los carnavales. Lo que hacemos es muy esquizofrénico”.

“No me gusta solo el rap por el rap”. Decías en una entrevista que siempre le buscas algo más. ¿Una mezcla de estilos o unas letras potentes con mensaje?
Ambas. El impacto de las letras sí tiene que ver con el rap. Mi primer disco, La hija del loco (2009) es más rapero y tiene canciones sin estribillo. En ese momento escuchaba mucho rap, siempre lo he escuchado. Cuando era adolescente bailaba hip hop, de ahí me vino mucho. Mantengo el discurso porque vengo del rap, pero yo vengo de la Patagonia, del sur de Argentina, donde se escucha metal y cumbia sobre todo. Siempre absorbí distintos estilos, y Ramiro, mi productor, también. Somos los dos de la misma época, nacidos en el 83-84. En esos años se estaban empezando a hacer esos sonidos que hoy en día están tan globalizado. Cuando empezamos, el hip hop era más purista y ahora se está permitiendo esa mezcla con otros estilos, que es muy enriquecedora.

Cuesta mucho encontrar a una argentina o argentino que se declare fan abiertamente de la cumbia villera.
La cumbia villera surgió en 2001 por el momento político de Argentina. Es la cumbia del barrio, la que cuenta historias explícitas de la calle, de la cárcel. Apareció con bandas como Damas Gratis o Pibes Chorros. Lo que hacemos es una cumbia que no llega a ser villera porque somos de clase media, de barrio y de familias trabajadoras pero hacemos un poco de todo lo que nos gusta, es lo que nos sale. Y sí, yo amo la cumbia villera, me encanta bailarla. Me pega más el pum del bombo, me gusta más que el resto de cumbias. Es como le pasa al rap y al reguetón, que se los critica mucho, hasta el punto de estigmatizarlos, diciendo que son estilos misóginos. Y lo son, pero es parte de una sociedad. Me parece que acusar con el dedo el machismo o la misoginia de un determinado estilo es como no hacernos cargo. Deberíamos hacer autocrítica como sociedad, no como si el machismo fuera un monstruo externo que solo vive en el reguetón o en la cumbia. También vive en el rock, de una manera más maquillada. Como no es de clase baja, no está tan estigmatizado como en el reguetón, el hip hop o la cumbia.

¿Qué opinas del debate sobre si hay o no reapropiación cultural en algunos músicos, sobre todo europeos, que comercializan ritmos populares latinoamericanos?
Ahora acaban de cancelar un concierto de Chocolate Remix en Francia porque la atacan justamente por eso. Me parece que ella es una latinoamericana del norte argentino que viene aquí a trabajar… Si el levantamiento de derecha fascista en todo el mundo está tan fuerte es, en parte, porque estamos entre nosotros peleándonos por estas cosas que no deberían ser un motivo de tanta separación entre todas y todos. También pasa con la alimentación. Ahora todos comemos quinoa y la quinoa de Perú y Bolivia está subiendo de precio, con lo cual las comunidades que la producen no la pueden comprar, y seguimos comiendo. ¿Cómo podemos evitarlo? La globalización y el capitalismo son sistemas en los que estamos todas absorbidas. De hecho, el capitalismo funciona por esa técnica de absorción. No podemos estar fuera, hay que pensar en otra cosa. Deberíamos dejar de pelearnos entre nosotras. Yo hago rap y cumbia y creo que sí hago apropiación cultural de algunas cosas. No sé cómo podría dejar de hacerlo. Quizá inventando algo. Puede que lo hagamos creando un sonido propio. Que escribamos algo propio, nuestra historia, nuestra poesía. Esa puede ser una manera.

Colectivo Vacío (2015) fue un disco es muy punk con letras pesimistas. ¿Fue premonitorio de lo que estaba por venir? Por ejemplo, de la victoria electoral de Trump…
…Y de la llegada de Macri al poder en Argentina. Sí, yo veía que todo iba a peor. Parece que todo es cíclico. En mi país, después de tener un gobierno popular en los últimos doce años, ahora hay una derecha súper extrema con Macri y sus secuaces. Yo ya lo veía venir y soy bastante pesimista, algo que se vio en ese disco, Colectivo vacío. Ahora estoy trabajando en un nuevo disco y ya no va a ser tan punky, es más bailable y no sé si es más esperanzador pero… Me parece que he hablado tanto de lo que no me gusta que es como si no me quedara nada que decir. Ahora quiero contar otras cosas que me pasan a mí, quizá más autobiográficas, y eso también está bueno. No podemos estar todo el tiempo diciendo lo mal que está todo. Estamos acá para seguir resistiendo, para seguir ocupando espacios. Y no lo podemos hacer sin baile y sin música y sin alegría. Pero no una alegría superficial sino una resistencia, con la potencia de la vitalidad.

En la canción ‘Tuve que quemar’ propones quemar “desde tu cama, tu almohada y la cúpula del Congreso de la Nación”. Es una mezcla perfecta de lo personal y lo político.
Fue la primera canción que escribí y casi salió sin pensar. Cuando terminé el colegio empecé a estudiar para ser abogada porque vi que podría luchar por los derechos y las causas que me conmueven y me parecen justas. Luego ya me di cuenta de que no podía estar ahí y que lo que tenía que hacer era bailar y cantar. Empecé a estudiar teatro con un maestro del teatro popular y de lo social y ahí empecé a escribir. No tenía información sobre por ejemplo el feminismo, aunque siempre lo fui, como mi madre, pero sin esa parte teórica o filosófica. Creo que nuestras madres siempre fueron feministas de ese modo, sin tanta información como la que hay ahora. En esa canción, ‘Tuve que quemar’, estaba hablando de una relación afectiva mía, estaba hablando de mi cabreo y de mi sentir, poniendo palabras sobre lo que veo en mi día a día en Argentina, en la calle. A veces pienso que la acción más directa sería quemar el Congreso, aunque no lo hemos hecho todavía (se ríe). La escribí en 2007 sin saber que se iba a identificar tanto con la lucha feminista. A día de hoy sigue gustando y se sigue bailando. También me pasó algo parecido con la de ‘Histórika‘, que ha quedado como símbolo de la lucha feminista. Y en realidad no lo pensé tanto aunque parece que lo tenía por dentro. En esa canción me imaginaba a una mujer trans, una travesti, trabajadora sexual, como presidenta. Una utopía, ¿no?

El rapero Valtonyc está condenado a tres años y medio de cárcel por cantar. La libertad de expresión en España parece que se tiene que volver a defender. ¿Crees que por las grietas de nuestra democracia todavía quedan vestigios de las dictaduras?
Creo que quedan vestigios de todas las dictaduras civicomilitares que ha habido, también en Latinoamérica. Creo que hay un levantamiento de la derecha muy importante que va con todo, contra la libertad de expresión, contra la gente que hace música. Pasa lo mismo en Argentina, aunque quizá no tanto. Aquí [en España] todavía hay monarquía… El capitalismo tiene algo que ver con estos ataques a la libertad de expresión. Esta es una sociedad de consumo y adoctrinamiento donde las multinacionales también adoctrinan. Esta dictadura es empresarial, es una tecnocracia que va contra todo, contra la libertad de expresión. Acá estuvo cerca la posibilidad de ganar un gobierno más popular para el pueblo y que venía más desde el pueblo. En Venezuela, Bolivia, Ecuador y Argentina tuvimos un acercamiento, una unión latinoamericana con gobiernos más populares. Ahora es como si se hubiera avivado la derecha y necesiten fortalecerse con todas las leyes que puedan y con todas las ofensivas posibles. En Paraguay la última dictadura fue hace muy poco. Ahora ha ganado el sobrino del último dictador. Está muy complicada la cosa a nivel mundial.

Estamos acá para seguir resistiendo, para seguir ocupando espacios. Y no lo podemos hacer sin baile y sin música y sin alegría. 

Esta condena a Valtonyc, ¿puede tener algo de “ejemplarizante” y promover la autocensura en los artistas? ¿Se vive con miedo?
Miedo sí, porque te preguntas si puede llegar a ser peligroso esto que hacemos, que es escribir, hacer poesía. Yo soy miedosa en general pero al escribir no tengo miedo. Creo que es un arma simbólica lo que tenemos. De hecho, estamos escribiendo y no estamos yendo a quemar el Congreso. Quizá ese sea el error de la sublimación del arte, que deberíamos hacerlo (se ríe). No, yo voy a seguir escribiendo.

Estas semanas el debate sobre la legalización del aborto en Argentina ha pasado de la calle al Congreso, hasta donde han llegado los pañuelos verdes “Por el derecho al aborto, legal, seguro y gratuito”. ¿Cuánta fuerza tienen los llamados grupos provida allá?
La Iglesia y las generaciones más mayores son las que empujan más contra el aborto. Una tía mía que fue antifascista durante la última dictadura civicomilitar argentina, por ejemplo, no es católica pero piensan que tiene que haber una campaña de prevención y de educación sexual y no una ley de aborto legal. No sé muy bien cuánta fuerza o cuanto apoyo tienen los grupos provida, pero nosotras somos más en la calle. Lo fuimos en las marchas por la legalización del aborto, en las del #Niunamenos, aunque luego los medios hegemónicos desinformen y se inventen cosas.

Justo en Irlanda acaban de celebrar un referéndum en el que un 66% de la población se mostraba a favor de la legalización del aborto. Allí está completamente prohibido en cualquier caso (incesto, violación, anomalía fetal o riesgo de salud para la madre) por una enmienda a la Constitución de 1986. El aborto es una cuestión que polariza mucho a la sociedad.
Yo creo que en Argentina va a salir la ley, aunque también pensamos que Macri nunca ganaría y mira. Está siendo un debate muy interesante porque han llegado hasta el Congreso las voces de muchas mujeres contando sus historias, incluso chicas muy jóvenes de 15 años exponiendo en el Congreso por qué necesitamos un aborto legal y libre. Esperemos que salga la ley. El aborto es una realidad que no está legislada. Las mujeres pobres mueren y las ricas abortan. En el norte de Argentina hay historias horribles de violaciones, niñas embarazas, cosas aberrantes. Y llegan a los hospitales y por culpa de la Iglesia y del Estado conservador no pueden aportar. Es increíble que esto siga pasando.

¿Influirán las victorias electorales de Trump o Macri en el arte, especialmente en la música?
Creo que el capitalismo y el sistema en general influyen en todas las expresiones. En el periodismo, en el teatro, la danza, en nuestros cuerpos. El sistema y el poder están debajo de la piel. Es una resistencia cada vez que escribes una u otra cosa. El punto está en saber en qué lugar del sistema productivo nos ubicamos. A mí me gusta toda la música y encuentro cosas interesantes en casi todas las expresiones. Me encanta el trap, me gusta mucho el contenido de muchos artistas del trap que no hacen lo que hacemos nosotros; quizá no hacen letras tan sociales, pero me interesan las cosas que se producen desde otros lugares. No sé si los gobiernos pueden hacer que cambie el contenido, pero el capitalismo sí se refleja en la estética de las expresiones y en los cuerpos.

Creo que somos la resistencia, seguimos escribiendo, bailando y expresándonos. Ahí está la acción directa. Las ideas no mueren ni se matan, ni las canciones ni las letras se pueden encarcelar. Hay que seguir escribiendo y pensando. El deseo y la potencia vital del deseo no pueden ser cambiados por ningún gobierno, por muy metidos que estén en nuestra piel el sistema capitalista o el poder. El deseo no se puede quebrar, y desde ahí escribimos. Es la potencia con la que se inventa, se canta, se baila. Es como pasa en la primera temporada de la serie The Handmaid’s Tale, cuando la protagonista se da cuenta de que el deseo es lo único que no van a poderle quitar.

En una entrevista te preguntó un periodista, así a bocajarro, que por qué eras tan sexy…
Y yo le respondí que le escupiría en la cara. Me venía preguntando un montón de cosas sobre el mundo de la música. Odioso el tipo.

Se ha hablado mucho de que 2017 fue el año en el que el feminismo convenció. ¿Está siendo 2018 el año en el que vencerá?
A nivel mundial, el movimiento de las mujeres está muy fuerte. La marcha en Argentina fue brutal, igual que aquí el 8M, pero todavía nos queda mucho por hacer, por ejemplo, luchar contra la justicia heteropatriarcal. Lo hemos visto aquí con el tema de La Manada. Esa chica fue tan desoída por la justicia… Vamos a seguir en la calle, en la lucha y va a salir todo bien, espero.

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