Rusia 2018: ultraderecha, machismo y geopolítica

Mamen Hidalgo

En la segunda semana del Mundial, el torneo deja de ser una fiesta para convertirse en un calvario para los participantes. En mitad de la tensión, cuando empiezan a caer selecciones y las más grandes sufren para pasar a octavos, las emociones desbordan y las rencillas se acentúan. Le pasó a los suizos de origen albanokosovar Xhaka y Shaqiri, que al marcar contra Serbia parecían estar saldando cuentas pendientes de la guerra. Y a Marcos Rojo, que al salvar a Argentina de un desastre mundial, enviaba todas las críticas a la albiceleste a un cementerio (sin canelones). Y entre tanto drama, la ilusión de Panamá: un país que caía bajo un resultado de tenis ante Inglaterra (6-1) y supo celebrar su gol, su primer gol, como si de un título se tratase.

Pese a estar ante los días donde un gol es la vida o la muerte deportiva, las historias ajenas al fútbol tienen razón de ser y gran repercusión. Racismo, machismo, narcos, servicio militar y polémicas relaciones marcan estos días previos a la fase final.

El fútbol ha sido protagonista en casi todos los partidos –con permiso del VAR–, pero la ultraderecha ha tratado de marcar algún gol aprovechando el foco. No lo consiguió la alemana, deseosa de que su selección caiga estrepitosamente para señalar a Jerome Boateng, de padre ghanés, y a los jugadores de origen turco Mesut Özil e Ikail Gündogan como absolutos culpables de la debacle. “Esto no es Alemania”, decía el líder de AfD Alexander Gauland los días previos. El gol de Toni Kroos en el minuto 95 ante Suecia frenaba las aspiraciones de quienes desean la “limpieza” de la selección germana, pero alimentaba el racismo en Suecia hacia el jugador que había provocado la falta de la derrota. Jimmy Durmaz, de origen turco, recibía toda clase de insultos y amenazas, como que se trataba de un “terrorista”. En una de las imágenes más icónicas del Mundial, el jugador leía un comunicado –respaldado por todos sus compañeros– donde admitía las críticas deportivas, pero recordaba que las amenazas estaban fuera de lugar. “Fuck racism”, gritaron todos juntos al terminar.

Si hubo un encuentro donde la política ocupó un primer plano, fue el enfrentamiento entre Serbia y Suiza. En las gradas, un grupo de aficionados del equipo balcánico portaba camisetas de Ratko Mladic, condenado a cadena perpetua por crímenes de guerra y genocidio en la antigua Yugoslavia.

En el campo, los goleadores suizos Xhaka y Shaqiri celebraron sus tantos mostrando un águila de Albania, que también llevan pintada en sus botas. Serbia perdió 1-2, y el técnico Mladen Krstajic se atrevió a comparar la guerra con el fútbol. “Desafortunadamente, parece que solo los serbios son condenados en una justicia selectiva, antes fue La Haya (refiriéndose al Tribunal Penal Internacional para la exYugoslavia, que se instaló en esa ciudad) y hoy en el fútbol y con el VAR”. “Después del partido no se hablaba de fútbol, solo de esto. Para responder estas cuestiones hay que reservarse cierto tiempo, no responder con prisas”, dijo Valon Behrami, nacido en Kosovo. Prueba de la importancia de este conflicto en la vida de estos futbolistas se refleja en sus piernas, donde un niño juega con un balón entre balas y aviones de guerra.

A falta del clásico hooliganismo inglés, la violencia se ha repartido este año entre aficiones en forma de acoso a las mujeres. Colombianos, peruanos, argentinos y brasileños han protagonizado esta semana las imágenes más lamentables fuera del terreno de juego, colgando vídeos en las redes sociales en los que “enseñaban” su idioma a algunas mujeres empleando frases sexistas y denigrantes para ellas. Solo un aficionado argentino ha sido expulsado de Rusia.

A ellos también se han enfrentado tres periodistas que eran acosadas mientras trataban de hacer sus directos. A la colombiana Julieth González Teherán, varios aficionados la manosearan durante la conexión: “Somos igual de valiosas, hay que saber los límites entre el afecto y el acoso”. La sueca Malin Wahlberg fue zarandeada y besada, al igual que la brasileña Julia Guimaraes: “No hagas nunca eso con una mujer”, respondió.

Las campañas de publicidad o la búsqueda del realizador de mujeres atractivas en las gradas tampoco ayudan. “Presentan a la mujer como una espectadora despistada que no sabe de deportes o de una mujer sexy que vende productos”, dice la organización internacional FARE.

Por otra parte, la ley contra la “propaganda homosexual” se ha visto ‘relajada’ durante el Mundial. La norma que tantos problemas ha causado a los activistas LGTB parecía mantenerse firme cuando uno de ellos fue detenido en los primeros días del torneo por pedir la intervención en Chechenia ante la tortura de homosexuales. Vladimir Putin parece haber dado orden de que no quiere esa imagen durante el Mundial, y desde entonces son numerosos los activistas que han ‘colado’ banderas arcoíris en los estadios y compartido fotografías en las redes sociales. Pero temen que no sea un avance social, sino puro interés mediático. “Han relajado la aplicación de la ley”, dice el presidente de la Federación LGBT rusa, Aleksandr Agapov, “la gran pregunta es qué pasará con nosotros después del Mundial”.

España sufrió más de la cuenta para ganar a Marruecos en un lugar especial para el interés de Putin: Kaliningrado. Una pequeña ciudad sin apenas tradición futbolística pero con una posición estratégica para su Mundial. La parte más occidental del país necesitaba una gran inversión económica para el torneo que debe lavar su imagen y mostrar su fortaleza ante la Unión Europea. Lo hace rodeando el fútbol de militares, y alardeando de los misiles con los que podría llegar a cualquier objetivo en un radio de 500 km.

Tres nombres propios

México ganaba a Corea del Sur y la estrella del combinado asiático era un mar de lágrimas. Son Heung-ming no solo lamentaba la más que probable eliminación de su país en este Mundial, sino que veía reducidas al milímetro sus opciones de saltarse el servicio militar en su país, obligatorio antes de los 28 años. Las autoridades coreanas otorgan este privilegio a los deportistas que logran medallas en competiciones internacionales; en este caso había una excepción y la promesa era llegar a octavos de final. Con esta derrota, sus opciones se reducen a una medalla olímpica o en los Juegos Asiáticos.

Una de las históricas figuras de este Mundial es el mexicano Rafa Márquez, pero su presencia en el campo se ha visto reducida extraordinariamente: no solo por su edad (39) y rendimiento, sino por estar en la lista negra del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, una institución que señala a quienes han ayudado a lavar dinero a los cárteles de la droga. Pese a que el exfutbolista del Barça niega su vinculación, la selección mexicana tiene que cuidar al detalle cualquier relación con empresas y bancos, ya que no deben tener trato con ninguna de las personas identificadas en esta lista. Por ello, Márquez tiene un uniforme distinto en los entrenamientos, no se sitúa frente a logos con patrocinadores y debe evitar hospedarse en hoteles con vínculos estadounidenses.

Mohamed Salah, la gran esperanza egipcia, volvió a marcar ante Arabia Saudita, aunque no pudo evitar la derrota. Tampoco el paseo que su Federación le dio por Chechenia junto al presidente Ramzan Kadyrov, por el que el delantero del Liverpool estaría planteándose dejar la selección. Salah fue declarado “ciudadano de honor de la república chechena”, una situación que no ha agradado al delantero, que se siente utilizado en una causa política.

Mamen Hidalgo es periodista deportiva

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