Reinas

Bob Pop

La reina titular y la reina emérita salen de misa y la lían por un quítame allá esas niñas. Parece, por lo que nos mostraron, que reina Sofía quería posar con sus nietas (princesa heredera Leonor y su hermana, infanta de España Sofía) y que su madre, reina Letizia, trató de evitar aquello. En plena refriega regia, la princesa heredera se quitó de modo bronco la mano de la abuelita del hombro mientras que rey Felipe VI trataba de parar aquello ante las cámaras y su padre, rey emérito, ponía cara de no estar entendiendo nada.

Lo mejor de esta escena es que la vimos todos y no dimos crédito. Y que, después de dejarnos hacer chistes al respecto en Twitter (que es donde van los chistes buenos), llegaron las televisiones, las revistas y los diarios a explicarnos “la verdad” de lo que habíamos visto. Y eso fue lo mejor porque fue lo insólito: que los medios de comunicación convencionales fueran a tener el detalle, casi por primera vez, de contarnos la verdad de lo que había detrás de lo que nos acababan de mostrar de la monarquía española. Lástima que esa verdad que figuraba en todos los titulares fuera tan pequeña, tan inconsistente y tan irrelevante como todas las verdades que los medios de comunicación tradicionales nos llevan contando sobre el reinado de los borbones desde que heredaron el franquismo para actualizarlo a una versión 2.0 de una España en transición, no sabemos hacia dónde (de momento).

El SofiLetigate les ha modernizado, humanizado y a nosotros nos ha divertido horrores. Tanto que se nos ha olvidado todo lo demás. Todas las veces que Letizia se puso en medio para no dejarnos ver la foto de un país donde tantos no dejan de poner sus sucias manos

Unos días después, al rey emérito Juan Carlos le operaron de la rodilla y el mismo elenco protagonista del altercado a la salida de la misa de Pascua en Palma, del algo más que una conversación en la catedral (chúpate esa, esa también, Vargas Llosa), acudió a visitarle a la clínica donde se recuperaba. Fue allí, a la llegada, cuando reina Letizia le abrió la puerta del coche a reina Sofía, y ambas se sonrieron como lo que son: dos reinas. Porque las reinas sonríen. Las nietas herederas (al trono y a lo otro) cogieron de la mano a la abuelita y todos fueron felices como tendrían que haberlo sido siempre. El rey también, el que no estaba ingresado, claro.

Y ya está. La nueva transición monárquica, que había empezado de un modo un poco violento, quedó en nada. En una tontería generacional que no va más allá de un gesto sin importancia. Y aquí no pasa nada. Aquí nunca pasa nada. Y cuando pasa, lo máximo que pasa es que nos quedamos perplejos; no por lo que vimos que sucedía sino porque nos desconcierta que nos hayan dejado atisbar algo que parece una verdad inconveniente en una institución que maneja el control (propio y ajeno) a la perfección.

Del SofiLetigate lo único que me interesa es cómo nos sentimos; no lo que pasó. O lo que nos pasó. Lo que nos pasó fue que, por unas horas, incluso días, tuvimos la falsa sensación de que éramos nosotros quienes mirábamos, juzgábamos y ejercíamos el poder de opinar libremente a propósito de un suceso real/Real que no había sido diseñado para nuestro consumo. Después de muchos años, el posado fue un robado. Un meme. Un vídeo viral. La monarquía, por fin, se adaptaba a los nuevos tiempos. El SofiLetigate les ha modernizado, humanizado y a nosotros nos ha divertido horrores. Tanto que se nos ha olvidado todo lo demás. Todas las veces que Letizia se ha puesto en medio para no dejarnos ver la foto de un país donde tantos no dejan de poner sus sucias manos. No pasa nada. Las reinas sonríen.

Bob Pop es periodista y guionista

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