De un vistazo
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Quién ríe la última ríe mejor
Por Clara Serra Sánchez

El humor es un juego con presupuestos culturales, con elementos compartidos del sentido común. Clichés sobre los ingleses, los franceses y los españoles, los catalanes, los de Lepe y, por supuesto, sobre las mujeres. Pero no sólo exige que existan y se conozcan esos presupuestos culturales sin los cuales las cosas no tienen gracia sino que al utilizarlos los consolida, los afianza como cimientos del sentido común: por eso el humor no es políticamente imparcial. El humor genera y consolida una imagen del mundo. Y ojo, un chiste es mil veces más efectivo que un buen argumento. Porque un argumento puede producir demostración, pero un buen chiste produce una de las cosas que nos resultan más agradables: la risa. Es más, la risa compartida. Un chiste es un arma de convencimiento masivo y un generador de ideología y es, además, un mecanismo de socialización, una manera de producir comunidad y tribu. Reírnos en común genera lazos y vínculos y pocas cosas son más apropiadas para definir quiénes son “los nuestros” que aquellos con los que nos reímos en común.

“Quien ríe el último ríe mejor”, y es que eso de la risa siempre está ligado a eso del poder. De hecho si hay un lugar en donde rastrear quiénes han sido los amos de la historia, ese lugar son los chistes. Nosotras sabemos muy bien cómo de incómoda es esa posición en la que nos vemos las mujeres cuando somos objeto de bromas de las que no podemos reírnos, pero ante las que irse o enfadarse son salidas igualmente insatisfactorias. Quien ríe tiene el poder y a quien lo tiene le gusta recordar y evidenciar que es el dueño de la risa y que por debajo suyo están quienes no pueden reírse.

Ahora bien, ¿y nosotras qué hacemos? A veces lo más efectivo es mostrar seriedad allí donde alguno espera encontrar nuestra dócil sonrisa complaciente. Es verdad que nos educaron para sonreír, pero ojo, no nos educaron para ser nunca las dueñas de la risa de los demás y por eso el humor, normalmente al servicio del poder, tiene que ser un terreno a reconquistar por nosotras.

No hay mayor hackeo feminista que el de hackear el humor. Las feministas, en nuestra tarea contra hegemónica, tenemos que construir un sentido del humor alternativo. Por eso es políticamente fundamental el trabajo de todas esas cómicas, youtubers y tuiteras que disputan la risa día a día, con ironía e inteligencia, a quienes solo saben usar el humor para reforzar el mundo del pasado.

Los hombres machistas no tienen miedo a que nos enfademos con ellos. Al contrario, eso los pone en una situación que les encanta, que es su lugar natural de exhibición y que buscan activamente. Pero tienen terror a una cosa: a que ellos sean el objeto de la broma. El humor es el mejor caballo de Troya, por eso hagamos mucho humor feminista. Riámonos las últimas y, sobre todo, riámonos mejor.