Hay más de 2,5 millones de españoles viviendo en el exterior, cifra que equivale a casi un 6% de los que viven en el territorio nacional y que parece estar subestimada.  Este es un colectivo heterogéneo formado por sucesivas capas de migraciones, descendencias y retornos. Tras décadas de haber sido ignorados y manipulados por los sucesivos gobiernos de España ese colectivo puede ser un recurso estratégico importante para España.

En este artículo queremos proponer a grandes trazos algunas ideas para cambiar el enfoque tradicional de esta temática, pues para comprender ese colectivo, creemos que es útil usar el concepto de diáspora, que es una categoría que comienza a usarse en los 90 en el campo de los estudios demográficos transnacionales y que lo toma también la Organización Internacional de Migraciones para designar a los nacionales de un país viviendo en el exterior que mantienen un vínculo con su país de origen y para replantear la política de los Estados hacia ellos como parte de la política exterior.

Los integrantes de nuestra diáspora son muy variados. Incluyen a emigrantes que hace décadas salieron del país y se afincaron sobre todo en América o Europa, a quienes se les suman sus hijos y nietos nacidos fuera.  E incorpora, a partir de la crisis de 2008, a los emigrantes recientes y a quienes viajan temporalmente al exterior, empujados por su situación laboral y a veces aprovechando convenios académicos. Forman parte también las personas de otros países que obtuvieron nacionalidad española por residencia y retornaron a su lugar de origen.

Las políticas de Estado han sido bien variadas, desde restricciones a la emigración hacia mediados del siglo XIX hasta su liberalización luego de la guerra de Cuba y más tarde  durante el franquismo con políticas que empiezan prohibiendo la emigración en 1941 pasando a partir de los años 50 a las políticas de emigración asistida que impulsaban la emigración como “válvula de escape” del exceso de mano de obra para disminuir el paro.  Estas políticas enmarcan las emigraciones durante el último siglo y medio principalmente hacia América primero y sobre todo hacia Europa en los años 60 y 70.  Luego de la transición la situación se revierte y España se convierte en país receptor de inmigración, hasta la crisis de 2008 en que comienza un nuevo ciclo de expulsión de población.

Nótese que desde aquel pasado hasta ahora las políticas fueron insertadas como un apéndice de la política interior (ya sea como promoción de la emigración o como la dupla emigración / retorno) y no como parte de la política exterior. Incluso actualmente las políticas relacionadas con la ciudadanía en el exterior están en la Subsecretaría de Emigración que depende del Ministerio de Empleo y Seguridad Social.

En el exterior las antiguas emigraciones crearon fuertes instituciones solidarias de apoyo, muchas identificadas con su origen regional. Así países como Argentina se llenaron de centros gallegos o asturianos, casales y etxeas, dando ya el tinte Plurinacional a esa España Exterior.  Existen más de 2000 centros e instituciones, principalmente en Argentina, Alemania, Suiza, Francia, Cuba, Chile, Venezuela, Bélgica y Uruguay. Sin embargo, en la actualidad gran cantidad de esas instituciones están en crisis, con magníficos edificios a veces en ruinas, capturadas por pequeños grupos que muchas veces son correas de transmisión de intereses retrógrados o lucran con ellas.

Las políticas diplomáticas de los gobiernos han estado fuertemente centradas en promover los intereses de las grandes empresas de origen español, muchas de las cuales ni siquiera cotizan impuestos en España, sino en paraísos fiscales. Políticas que han ido acompañadas por una misera acción oficial hacia los españoles en el exterior de tipo asistencialista, es decir orientada a resolver problemas sociales a partir de proveer recursos en forma individual, los cuales en muchos casos, son asignados de manera discrecional y tercerizados a través de organizaciones formalmente apartidarias, pero que en realidad no lo son, manipulados e intermediados por los caciques locales, manejados clientelísticamente y al servicio de la captura electoral del PP.

Eso sumado a que, las orientaciones hacia el ajuste fiscal de quienes nos gobiernan llevan a que esta asistencia sea cada vez más magra (estimamos que el gasto consolidado estatal y de CCAA destinado a la diáspora no supera los 1000 millones de euros, es decir el 10 % de las remesas recibidas) e incluso a recortar derechos básicos como la sanidad o las becas de formación.  Al estar las políticas orientadas hacia los intereses de las grandes empresas, la política hacia los españoles de a pie residentes en el exterior es un suplemento casi molesto.

Para la diáspora española ha significado un fuerte golpe la implantación en  2011 del “voto rogado”, que al complicar el trámite de votación ha hecho que la participación electoral descienda del orden del 30% a menos del 3%, sustrayendo así, de modo práctico, el derecho al voto de una gran parte de la ciudadanía.

¿Qué políticas plantearse para un colectivo tan grande como es la ciudadanía en el exterior que ha estado permanentemente invisibilizado en las políticas de Estado de España y que constituye un valioso recurso estratégico?

Tenemos muchas pruebas palpables de esas potencialidades, desde el Guadalajara, el Teruel y el España Cañí de La Nueve encabezando la liberación de París hasta los 10.238 millones de dólares por remesas de residentes en el exterior que, según el Banco Mundial, han ingresado a España durante 2015 y que son aproximadamente el 1% del PIB.

Claro está que desde una perspectiva de gobierno, no nos plantearemos hacer de lobbystas de las grandes empresas, ni perfeccionar el asistencialismo, sino lograr un desarrollo relativamente autónomo de España y que para llegar a esto será un recurso valiosísimo potenciar el desarrollo y apoyarse en las comunidades asentadas en los distintos países, lo cual será de beneficio mutuo para España y para el país de residencia.

Lo que creemos es que será necesario llevar adelante una política basada en favorecer el crecimiento de redes que se desarrollen en los países de residencia y se interconecten con redes en España, redes que tengan por objetivo favorecer el surgimiento y fortalecimiento de PYMES, de emprendimientos culturales, educativos y tecnológicos. Con acciones concretas y extensas por parte del Estado para dar apoyo a esas actividades.

La diáspora hispana debe constituirse en la España Exterior Plurinacional como una herramienta de una política exterior independiente.

Las posibilidades son concretas, teniendo en cuenta que los españoles del exterior -en una proporción significativa- poseen buen nivel educativo y ocupan posiciones relativamente destacadas en sus sociedades de residencia, o potencialmente podrían ocuparlas, estas redes serían un capital inexplorado y un valioso recurso estratégico y punto de apoyo para la transformación de España.

Conocemos algún ejemplo exitoso de políticas de este tipo: en Argentina, desde hace más de una década se viene desarrollando el programa RAÍCES en el ámbito del Ministerio de CIencia, Tecnología e Innovación Productiva, el cual tiene por objetivo generar vínculos entre científicos argentinos expatriados y la actividad local, a través de su participación en proyectos conjuntos o de estancias temporales en el país. Este programa ha resultado muy exitoso en aprovechar ese recurso existente en el exterior y generando acciones de beneficio mutuo.

Para las políticas de retorno también planteamos que deben encararse con el mismo criterio: no solo diseñarlas como asistencias individuales, sino tratando de encajarlas dentro de una política de desarrollo de la España Exterior Plurinacional, por ejemplo, que las ayudas de reinserción aprovechen y estimulen el desarrollo de las redes de vinculaciones en el exterior que las o los migrantes retornados probablemente poseen y en la medida de lo posible las tomen como un recurso para apoyar su actividad.

En los países de residencia, es necesario estimular la recuperación o recreación de las instituciones solidarias de las colectividades españolas.  Sin descuidar, en que resulten necesarias, las ayudas urgentes, pero no con una visión puramente individualista, sino buscando que los mecanismos de ejecución promuevan el asociativismo y la solidaridad.

En el plano político, para el pleno reconocimiento de derechos es fundamental llegar a la creación de una representación política de la España Exterior Plurinacional mediante la constitución de una Circunscripción Exterior que le de representación parlamentaria, tal como acertadamente lo indicamos en nuestro programa electoral.  Este es un viejo anhelo de la ciudadanía en el exterior, ya en 1915 el Conde de Romanones, a punto de asumir la jefatura de gobierno, frente a una propuesta de Circunscripción Exterior hecha por el director del Diario Español de Buenos Aires reconoce públicamente que es algo digno de ser considerado y dice que se abocará a ello. Mucha agua ha pasado bajo los puentes, ya es hora de que sea efectivizada, a nosotros nos corresponde enarbolarla y hacerla realidad.

¿Y en el mientras tanto que somos oposición? Pensamos que debemos crear embriones de estas políticas. Tanto desde iniciativas parlamentarias en España como participando en la única institucionalidad electa que existe en el exterior que son los Consejos de Residentes Españoles, tensando al máximo sus posibilidades de acción para que estos sean herramientas que promuevan los derechos de los españoles en su área, dentro del estrecho marco de la normativa que los regula.

Por otro lado, fomentando actividades asociativas para la resolución en forma solidaria de las situaciones de penuria y de mejora de condiciones de vida, sobre todo iniciativas que favorezcan la acogida de los nuevos inmigrantes y apuntando a recuperar las deterioradas instituciones históricas de las colectividades españolas de cada país o a crear nuevas.

¿Y en el propio Podemos? Planteamos que en nuestro organización y funcionamiento debemos ser consecuentes con este enfoque y ver ya a Podemos Exterior como una Comunidad Autónoma más, ya que es un colectivo lleno de vida gracias al trabajo que se hace desde los círculos que nacen y crecen en todo el mundo. Es necesario tratar a Podemos Exterior con esa consideración en su inserción orgánica y en todos los aspectos y proyectos que se lleven adelante.

Nuestra actividad en el Exterior debe ser un embrión de la creación de esa España Exterior Plurinacional consolidada y vehículo del desarrollo de una nueva sociedad. Tenemos millones de embajadores a lo largo del mundo que pueden fortalecer la transformación de España y que deben ser apoyados para que se organicen solidariamente para el mejoramiento de sus condiciones de vida.

 

Jorge Plano  (Círculo Podemos de Buenos Aires)

jplano@yahoo.com