Los éxitos de las pioneras del deporte que el franquismo intentó borrar

Mamen Hidalgo

Los triunfos de Mireia Belmonte, Carolina Marín o Garbiñe Muguruza alimentan una ficción en la que la mujer acaba de incorporarse al deporte en España. La realidad es que hace ya casi un siglo que las pioneras rompieron con todos los estereotipos y barreras que les impedían competir de igual manera que los hombres. Pero el franquismo con sus prohibiciones y la Iglesia con sus tradiciones evitaron que estas mujeres, las primeras en ser campeonas en distintos deportes, fueran reconocidas, admiradas y, por tanto, imitadas durante muchas décadas.

Solo con la llegada de la democracia y la modernidad de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 la mujer empezó a explotar mínimamente su imagen de deportista. Antes de Arantxa Sánchez Vicario fue Lilí Álvarez, y antes de Mireia Belmonte triunfaron las hermanas Soriano. Eran mujeres que habían crecido con las facilidades de las familias burguesas, la mayoría en Cataluña, y que tras la Guerra Civil vieron interrumpidas sus carreras y anulados sus éxitos. Solo Encarna Hernández, la primera estrella del baloncesto, tiene una trayectoria sin lagunas. Utilizada por Falange, nadie se encargó de borrar su historia.

LILÍ ÁLVAREZ (Roma | 1905-1998)

Elia María, conocida como Lilí Álvarez, es la gran pionera del deporte español. Criada en Suiza en una familia burguesa, pudo disputar todos los deportes que deseó. Patinaje, esquí, atletismo o automovilismo-donde con solo 19 años se impuso en una prueba masculina- su gran éxito fue llegar a tres finales de Wimbledon. ‘The Senorita’, como era llamada en Inglaterra, lamentó su regreso a España: “Duele mucho llegar a tu país y ver que no cuentas nada”.

Lilí fue rompedora. Vestía una rompedora falda dividida en dos mitades, simulando un pantalón, y una cinta blanca en la cabeza. Fuera de la pista, molestaba su discurso. En 1941, en una competición en Candanchú, fue expulsada tras acusar de machista al jurado, algo que se tomó como una “ofensa a España”. Fue sin duda una inflexión en su carrera. Para entonces ya se había separado de su marido, un aristócrata, e iniciaba una carrera en el periodismo, la política y el feminismo. O el “parejismo”, como aseguraba ella, que se arrepentía de haber dejado el tenis cinco años porque ‘monsier’ no quería ser “el marido de la campeona”: “Es un error de concepción. El hombre manda en última instancia, no en primera. Mientras no haya diálogo, tendremos dictadores que se creerán muy machos, pero que no son hombres”. Estas ideas brotaron solo al llegar a España, donde aseguró que los maridos parecían niñeras, lo que le indignó: “Las mujeres somos idiotas porque nos han hecho idiotas. En cambio el defecto de los hombres es su primitivismo”, decía, mientras achacaba su poco reconocimiento precisamente a ser mujer: “Fui tres veces finalista en Wimbledon, cosa que no ha sido nunca ningún español varón. Los varones son muy importantes en España”.

Durante el Franquismo, fundó el Seminario de Estudios Sociológicos sobre la Mujer (SESM) y el partido Izquierda Democrática Cristiana. Condenada al ostracismo deportivo por su ideología, no fue hasta 17 después de su muerte, en 1998, cuando fue reconocida con la medalla de oro al mérito deportivo.

MARGOT MOLES (Tarrasa | 1910-1987)

La historia de la ‘atleta republicana’ ha vivido enterrada en la historia durante décadas. Campeona de España de lanzamiento de disco y plusmarquista mundial de martillo, fue una de las primeras mujeres en triunfar en el atletismo, siendo también profesora de Educación Física en un Instituto-Escuela durante la República. Perteneciente a la burguesía catalana, todo fueron facilidades para ella en la actividad deportiva. Junto a sus compañeras, rompieron con la estética deportiva de los años 30, compitiendo con pantalón, camiseta corta y sin sujetador. Fue la primera española en acudir a unos Juegos Olímpicos de Invierno, pero su carrera prácticamente termina con la guerra. En 1937, en las Olimpiadas Obreras de Amberes, es recibida con vítores por su ideología, respondiendo ella con el puño en alto.

La familia de Margot emigra al estallar la Guerra Civil, pero su marido, el también deportista Manuel Pina, había sido detenido. Ella permanece en Madrid a la espera de noticias, y es finalmente en 1942 cuando le informan de que ha sido fusilado. Con 32 años se recluye en casa, donde dedicó su vida a bordar. El Régimen se ocupó de borrar todo su rastro y sus récords fueron anulados.  Su historia había sido eliminada, y no ha sido hasta 2018 cuando el periodista Ignacio Ramos la ha recuperado tras un año de investigación. Llevó una vida muy discreta hasta su muerte, y jamás se le reconocieron sus éxitos públicamente.

ANA MARÍA MARTÍNEZ SAGI (Barcelona | 1907-2000)

Periodista, deportista y “profundamente republicana”, Sagi entendía que el deporte llevaría a las mujeres a la modernidad. Campeona de España de lanzamiento de jabalina en 1931, practicó con éxito numerosos deportes como baloncesto o natación. También destacó en tenis, donde solo fue derrotada por Lilí Álvarez.

Fundó el Club Femení i d’Esports en 1928, primera sociación para mujeres trabajadoras a través de la práctica del deporte. Mientras tanto, su carrera en el tenis terminaba al negarse a besar las manos de las infantas Beatriz y María Cristina durante un partido, lo que se consideró un acto de rebeldía. Se retira con apenas 25 años, y se vuelca en la poesía y en el desarrollo de las mujeres. Trabajaba en el periódico La Rambla y recorría el país hablando sobre la mujer y el deporte, algo que incluso es portada del diario ABC en 1931. Tan solo tres años después, su anterior editor le propone sumarse a la directiva del FC Barcelona, siendo la primera mujer en ocupar este puesto. Su principal tarea era la incorporación de la mujer al fútbol, pero sus ideas chocaron constantemente con los socios, viéndose obligada a dimitir cuando no había cumplido un año en el cargo.

Al caer Barcelona en la guerra, se exilia a Francia. No se vuelve a saber nada de ella hasta 1998, cuando el escritor Juan Manuel de Prada descubre su historia a través de una novela.

CARMEN Y ENRIQUETA SORIANO (Barcelona | 1917-1996 | 1920-1983)

Las hermanas Soriano son el origen de la natación en España. Dominaron la piscina durante las décadas de los treinta y cuarenta liderando al Club Natació Barcelona. Ambas acumularon títulos y récords, siendo Enriqueta campeona de España en 23 ocasiones. Seleccionada para acudir a los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936, el evento fue boicoteado por disputarse en la Alemania de Hitler. Sin embargo, aunque distintos países debatieron su ausencia, finalmente fue España la única ausente, en un momento en el que la proyección internacional de las deportistas quedaba anulada.

Pese a que Enriqueta tuvo más éxitos en el agua, fue Carmen la más admirada. La prensa de la época destaca su físico y su simpatía, lo que hizo que su casa se llenara de cartas diarias de admiradores: “La mayoría se conforman con una fotografía, pero otros piden mi amor”, relataba. “Son inconvenientes de la celebridad. Cuando abandone el deporte nadie se acordará de mí y me dedicaré a mi profesión”. Y así fue. Su principal trabajo, durante y después del deporte, fue vender máquinas de escribir en la tienda de su padre. Colaboradora del periódico Mundo Deportivo, interrumpió su actividad en la guerra y solo disputó otros dos años hasta retirarse en 1941, cuando se casó. También lo hizo Enriqueta con Joan Gamper, hijo del fundador del FC Barcelona. La historia de ambas no terminó con su implicación política, sino con su deseo de formar una familia.

ENCARNA HERNÁNDEZ (Murcia | 1917- )

‘La niña del gancho’, como se conocía a Encarna por sus habilidades con este recurso, es la gran excepción en la historia de las pioneras. Jugadora de baloncesto, sus éxitos deportivos y profesionales no solo no fueron borrados durante la dictadura, sino que fueron alimentados. Falange veía en ella una líder para que las mujeres se fortalecieran con una de las pocas actividades físicas que tenían permitidas, junto a la gimnasia, por ser deportes poco ‘masculinizantes’.

Con apenas 1,54m de altura (en la imagen, de blanco y bajo la canasta), fue pionera en un deporte clave para la Sección Femenina de Falange, que pretendía hacer “mujeres fuertes y sanas para la patria”, siempre con el objetivo de la procreación y los cuidados en el hogar. Antes había sido fundadora del Club Atlas, y máxima anotadora, superando a los hombres. Una deportista rompedora que durante la guerra ve su actividad reducida a los partidos de exhibición.

En 1944 fichó por el FC Barcelona y jugó hasta que se retiró con 36 años para ser madre. Rompió barreras como jugadora, como entrenadora e incluso como árbitra, pero siempre con las facilidades que las anteriores pioneras no tuvieron por su ideología. En entrevistas posteriores, ella resta importancia a su situación política: “Con Franco o sin Franco, siempre he sido la misma”. Sin embargo, si nos atenemos a la historia de sus coetáneas, su biografía sería muy distinta de no haber cedido sus servicios a Falange.

Mamen Hidalgo es periodista deportiva

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