Lea usted ficción, que es verdad

Cristina Fallarás

Nos convendría mandar definitivamente a la basura la monserga de las fake news, y revisar toda esta sobreinformación. Y el papel, este sí, de las redes sociales en la sustitución de la ficción por unos supuestos contenidos de “realidad”.

La ficción, queridas, queridos, ahí está la realidad.

Hace algunas décadas, se puso de moda que aquellos que se llamaban socialdemócratas o progres, una vez superados los 40, declararan públicamente su paso a la non-fiction, eso que llaman “ensayo”. Según aquella postura, aún hoy en boga, leer ficción es solo esa etapa que las mentes aún no formadas o inmaduras deben pasar antes de entregarse en brazos del pensamiento, o sea la no-ficción, como la llaman quienes catalogan libros, bibliotecas, premios, dinero y estanterías. Oh.

Más allá de lo que evidencia necesitar el término “ficción” a la hora de definir su contrario, quedaba así dividido el mundo textual en dos: la ficción y su contrario. ¿Y cuál es su contrario? Lo que no se vende como “ficción”, y el verbo, sí, es vender. ¿Responde a que, efectivamente, no es ficción? No señora. Solo responde a que no se vende como tal.

Me permito aquel podrido anuncio institucional sobre la “existencia de armas de destrucción masiva” en Iraq para matar dos pájaros de un tiro.

Pájaro uno: Los que utilizan la difusión de lo que llaman fake news para criticar el uso de las redes, deberían recordar que la mayor representante de dicho género se llamó “hay armas de destrucción masiva”, y entonces no había redes. Entonces, como ahora, las mentiras las lanzaban los gobiernos y las multiplicaban los medios de comunicación.

Los que utilizan la difusión de lo que llaman fake news para criticar el uso de las redes, deberían recordar que la mayor representante de dicho género se llamó “hay armas de destrucción masiva”, y entonces no había redes

Pájaro dos: ¿Y por qué, tanto quienes creyeron la mentira como quienes no la creyeron, decidieron considerarla “no ficción”? Por la simple razón de que, si tú divides el mundo textual en dos, das por hecho que todo lo que no es A, será B.

Podría hablar ahora de La Biblia –“en el principio fue el Verbo” y tal– para describir la magnífica relación entre la idea de “ficción” y su contrario, porque ahí está todo. No lo haré. Todo texto construye un mundo y lo evidencia, parece una obviedad, pero merece la pena recordarlo de vez en cuando.

El prestigio del que goza la no-ficción, nos ha llevado a incluir entre sus frutos lo que llamamos “información” o “actualidad” y en algunos casos, la mayoría ridículos, “periodismo”. No es inocente. Al amor de dicha traslación de autoridad textual, cunde la idea de que lo serio es la información. Lo serio frente a la ficción. Para empezar, deberíamos plantearnos qué volumen de la información y actualidad que consumimos no es exactamente eso, pura ficción. Pura ficción de consumo rápido que, acumulada, permite construir una idea falsa de nosotras mismas, de nuestras relaciones, del mundo en el que vivimos y de la violencia política. Al ser informaciones de consumo rápido y caducidad inmediata, se nos escapa su función en la construcción de algo mayor. Y a mis ojos, monstruoso. Monstruoso en el sentido de que falsea su naturaleza, está construido para esconderla. Así que, al consumir la no-ficción llamada información/actualidad, en realidad estamos consumiendo una edificación de ficción bastarda.

Frente a dicho monstruo, la construcción ficcional no pretende construir un mundo más allá del mundo de la autora, del autor, y por ello mismo ofrece un retrato fidedigno de una época, un mundo, y las circunstancias del propio autor, sea de forma voluntaria o no, son reflejo de su época, de las relaciones sociales y políticas. Dicho retrato, al no ser de consumo rápido, lanza hacia el futuro lo que somos, y nos permite mirarnos en ello. Es decir, funciona de espejo en lugar de ejercer de producto.

La construcción ficcional no pretende construir un mundo más allá del mundo de la autora, del autor, y por ello mismo ofrece un retrato fidedigno de una época, un mundo

La diferencia resulta esencial.

Creo que estamos asistiendo a una respuesta contundente por parte de algunos autores, y sobre todo de algunas autoras, que oponen a la no-ficción de actualidad un relato íntimo o testimonial. Lo han venido a llamar autoficción y goza de un merecido desprestigio entre aquellos que defienden la información y el ensayo como único fruto maduro. Eso no puede ser sino síntoma de la buena salud y la enjundia de la autoficción y la prosa testimonial. No me parece casual que la renovación del feminismo y de nuestra mirada sobre la violencia política pase por dicha ficción. Cabe añadir, en fin, que su voluntad no es de control, sino de herencia. Aspira a legar una visión de sí misma, y por eso, a transmitir una idea del mundo.

Cristina Fallarás es periodista. Recientemente ha publicado la novela "Honrarás a tu padre y a tu madre" (Anagrama, 2018)

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