Informe de Pablo Iglesias en el Consejo Ciudadano Estatal del 3 de enero de 2016

En su primera reunión después de las elecciones del 20-D, Pablo Iglesias se dirigió el 3 de enero de 2016 al Consejo Ciudadano estatal de Podemos para valorar el resultado obtenido y sus consecuencias para el futuro de nuestro país. Aunque entonces no sabíamos qué iba a ocurrir, estas palabras están llenas de actualidad. Sirven para repasar el trabajo realizado desde enero de 2014 y dan claves para entender qué tareas siguen pendientes y qué retos nos aguardan en las urnas y fuera de ellas. De diciembre a junio hemos vivido una legislatura sin precedentes. Por primera vez la crisis abierta en mayo de 2014, heredera de un 15-M que ya suma cinco años, no pudo cerrarse por arriba. Las razones del cambio permanecen, pero ser dignos de lo que nos sucede implica cambiar la manera en que las abordamos. Estos materiales pueden ayudarnos a hacerlo una vez más.

Hace dos años empezamos a hacer política de manera muy precaria. Con las miras puestas en las elecciones al Parlamento Europeo, pusimos en marcha una campaña electoral inédita en nuestro país que tenía como principal capital un grupo de gente –en su mayoría jóvenes sobrados de iniciativa– y alguien que se había hecho un hueco en algunas de las tertulias políticas más relevantes de la televisión en España. Nadie podía imaginar que íbamos a conseguir 1,3 millones de votos –el 8% de los votos emitidos– y cinco eurodiputados. Con esos dos valores, que eran todo el patrimonio con el que contábamos, obtuvimos unos resultados electorales sin precedentes en la historia de nuestro país. Podemos decir, con orgullo y humildad, que fuimos el motor principal de que en los principales ayuntamientos de España hoy haya gobiernos del cambio. No solamente hemos demostrado que podemos ganar elecciones, sino que, además, podemos gobernar mejor y que somos capaces de construir espacios de encuentro que sirven para el cambio político.

Volvimos a hacer historia aunque quizá de una forma desigual en las subsiguientes elecciones autonómicas. La primera cita fue en las andaluzas, que tuvieron lugar en marzo, cuando ni siquiera contábamos con órganos de dirección en esta comunidad, y pese a todo obtuvimos nada más y nada menos que el 15% de los votos. Es probable que nuestra habitual ambición no nos permitiera valorar, en su justa medida, lo que representaba que, en marzo del año 2015, una fuerza política completamente nueva, que había nacido menos de un año antes, obtuviera el 15% en estas elecciones.

Le siguieron resultados igualmente notables en el resto de comunidades; el 20,5% en Aragón, el 19% en Asturias, el 18,6% en Madrid, el 14,7% en Baleares, el 14,5% en Canarias, el 13,7% en Navarra, el 13,15% en Murcia, el 12,1% en Castilla y León, el 11,2% en La Rioja y la Comunidad Valenciana, el 9,7% en Castilla-La Mancha, el 8,8% en Cantabria y el 8% en Extremadura. Por no hablar de las Juntas Generales del País Vasco, donde obtuvimos entre el 12 y el 14,5% de los votos. Finalmente, en Cataluña, en unas elecciones dificilísimas para nosotros y a las que concurrimos con fuerzas políticas hermanas, obtuvimos casi el 9% de los votos.

Estos resultados son, en cualquier caso, históricos y es muy difícil encontrar en los países europeos de referencia casos similares, quizás con la única excepción de Italia; y si los comparamos con los últimos resultados que hemos obtenido en las elecciones Generales, creo que podemos estar muy satisfechos.

Además de en Cataluña y en la Comunidad Valenciana, donde hemos obtenido resultados espectaculares, en el caso de Cataluña En Comú Podem ha ganado las elecciones y en la Comunidad Valenciana la coalición con Compromís nos ha convertido en la principal fuerza de oposición al Partido Popular, hay que decir que en el País Vasco hemos ganado las elecciones con un 26% de los votos. En Navarra, hemos subido casi 10 puntos respecto a las autonómicas, llegando al 23% de los votos. También subimos en Canarias y Baleares hasta 9 puntos, y en Cantabria, donde hemos alcanzado el 17,8% de los votos.

Podemos parte, y esto lo explicábamos en el Consejo Ciudadano del año pasado, del análisis de lo que había significado el movimiento 15-M en España como expresión de una crisis orgánica que había producido una fractura entre las élites políticas y la sociedad. Aquel lema de “No nos representan” evidenciaba algo que se había convertido en una suerte de gobierno de la economía. Al mismo tiempo, las demandas de derechos sociales tomaban fuerza de la mano de Stop Desahucios, las mareas y el conjunto de movilizaciones post-15-M, inaugurando una nueva gramática política que permitía pensar que en España se iba a producir una nueva Transición con algunas características distintas respecto a la anterior.

Fue Jaime Miquel, un analista cuya procedencia teórica dista de la nuestra, quien llegaba a una conclusión muy similar en un libro de nombre inquietante, La Perestroika de Felipe VI. Hablaba, en concreto, de una zona de ruptura que se había producido en este país y que daba paso a una nueva gramática política que, seguramente, encontraría en los medios de comunicación el principal escenario en el que evidenciar ese corrimiento de magmas sociales ideológicos que vaticinaba. En este sentido, se ha hablado mucho de las tertulias pero hay, probablemente, otras narrativas catódicas que han revelado con enorme nitidez los cambios que se han producido en nuestro país los últimos años. Un claro ejemplo de ello es el programa Salvados, de Jordi Évole, indicador crucial de cómo se ha tejido una nueva gramática para entender lo político.
Podemos es, seguramente, la mejor y más completa expresión política y electoral de ese nuevo escenario político, carente, además, de una lectura exclusiva en términos de izquierda y derecha. Hemos reiterado que aunque algunos nos identificamos claramente con esas metáforas –yo me considero de izquierdas y creo que la mayoría de los que estamos aquí también–, tuvimos la audacia de interpretar que los cambios que se estaban produciendo en nuestro país tenían más lecturas y que, incluso, esto era algo positivo que permitía imaginar posibilidades de cambio político que nunca se habían podido plantear en España.

En un momento de cambio como el que vivimos resulta pertinente recordar la anterior Transición, en la que aquel famosísimo referéndum sobre el Proyecto de Ley para la Reforma Política a finales del 76 establecía los límites de un proceso que, seguramente, no contaba con los consensos –en términos de voluntad de cambio– que se están viviendo en estos momentos en nuestro país. Aunque los ingredientes del futuro político en España no se conjuguen con los mismos símbolos que en su día sirvieron para que la libertad prevaleciera sobre la dictadura, estamos convencidos de que en este momento político existe una voluntad mayoritaria de cambio en un sentido democrático, de regeneración y de construcción de un futuro político desde la hermandad y el respeto a la diversidad mucho más amplio y con muchas más posibilidades que lo que vivimos en este país hace 40 años.

Nuestro voto, y esto lo reconocen todos los sociólogos y analistas, es un voto juvenil y urbano, pero que al mismo tiempo alude a sectores de la población muy diversos y enormemente exigentes con respecto a lo que tiene que ser el futuro de este país. En ese sentido, el pasado 20 de diciembre supuso un punto y final a las élites políticas y al turnismo que han marcado la gobernabilidad de nuestro país durante los últimos 35 años.
Frente a ese elemento de crisis orgánica, que supimos analizar de forma certera, la crisis de régimen en España queda completada con otra importante fractura; la cuestión territorial. Así, podemos afirmar que la nuestra ha sido la formación política española que ha sabido afrontar con más altura de miras esta problemática. Somos, de hecho, la primera fuerza política en la historia de nuestro país que ha reivindicado España diciendo que el patriotismo es la defensa de lo común, la defensa de lo que es de todos, y que no tenemos ningún problema en decir que nos sentimos orgullosos de ser españoles, al tiempo que reivindicamos la plurinacionalidad como una característica constitutiva de nuestra patria, y al tiempo que hemos asumido que la fraternidad tiene que ser el eje que defina un proyecto común compartido, basado en la justicia social y también en el respeto a la diversidad.

Es muy importante que reflexionemos sobre las diferencias entre aquella Transición que se produjo hace 40 años y la que protagonizamos ahora. Adam Przeworski, uno de los politólogos más prestigiosos de Ciencia Política –de origen polaco, por cierto, algo que tiene mucha importancia cuando hablamos de esta disciplina–, se sorprendía de que una de las características de la Transición española es que no afectó a las élites económicas. Por otra parte, hablamos de un proceso que tiene símbolos y fotografías que ilustran una determinada coyuntura, como por ejemplo los Pactos de la Moncloa, con Adolfo Suárez y Santiago Carrillo como urdidores y representantes de aquellos acuerdos. Un proceso que, a partir del año 1982, estaría pilotado de manera hegemónica por el Partido Socialista y que, resulta innegable, implicó una notable modernización del país y un avance democrático, máxime si tenemos en cuenta que el principio democrático se había visto interrumpido de manera continua en los dos últimos siglos de nuestra historia.

En aquel contexto, ya existía algo que no es una novedad en las tradiciones políticas de nuestro país, que era la cuestión territorial, asunto que mereció debates muy intensos. El hecho, por ejemplo, de que hace 40 años se optase por incluir el equívoco término de «nacionalidades» dentro del texto constitucional revela que el problema territorial en España no es algo que se haya inventado en los últimos 10 años, sino que lleva formando parte de nuestra historia desde que se puede hablar de modernidad en este país, y que tiene que ver con las raíces históricas de la construcción del Estado y nuestras diferencias respecto a otras realidades europeas.

Lo que muchos llamaron “café para todos”, junto con una redacción constitucional ambigua, cimentó la construcción de un Estado Autonómico que permitió salir del paso durante algunos años. Luego vino el 23-F, que todo el mundo asume como el punto de cierre de la Transición española, y que por un lado consolidó a la Monarquía como una institución dotada y percibida como defensora de la democracia, pero que en realidad suponía asumir a un jefe del Estado a título de Rey por herencia, por voluntad y en sustitución de un dictador. Y, por otro, no cabe duda de que el 23-F tuvo una consecuencia política muy clara consistente en cerrar y establecer los límites de dicho proceso de construcción autonómica. Las tensiones no cesaron, la más terrible en este sentido fue sin duda el terrorismo de ETA, que, por suerte, podemos decir que forma parte del pasado. En cualquier caso, la cuestión territorial ha ido adquiriendo cada vez mayor peso en los últimos 10 años. No me equivoco si digo que esto se debe fundamentalmente, por un lado, a la torpeza de un PSOE que no ha sido capaz de ser coherente consigo mismo y, por otro, al inmovilismo del PP.

Fue el Partido Socialista quien habló de federalismo en este país, quien hasta hace dos años contemplaba la posibilidad de una consulta pactada en el territorio catalán. Fue un exministro socialista, Francisco Caamaño, quien, en un libro de 2014, decía que el artículo 92 de la Constitución podía ser una vía perfectamente legal y legítima para una consulta en Cataluña. Sin embargo, el PSOE se ha dejado abducir por los sectores más intransigentes del inmovilismo que se han revelado a la luz de cualquier observador en una fábrica de independentistas y desafectos hacia una idea de España. Una visión de nuestro país de la que muchos ciudadanos se sienten alejados en tanto que esa idea se identifica con el Partido Popular, con sus políticas torpes e inmovilistas.

Nos entristece que el PSOE se sitúe en ese escenario, nuestra mano seguirá tendida siempre para que el PSOE recupere lo mejor de su tradición como fuerza política capaz de vehicular la unidad de nuestro país en torno a diferentes expresiones de diversidad. Es obvio que a estas alturas, las fórmulas implementadas en los años 80 y 90, incluso en la primera década del siglo XXI, no van a servir, pero estoy convencido de que en los próximos años, la altura de Estado y la capacidad para pilotar un proceso de transición, va a diferenciar a quien entiende España de quien simplemente no la entiende.

Vivimos una realidad completamente diferente respecto a la de hace 40 años. La desigualdad y la corrupción son problemas asumidos por una mayoría social de ciudadanos como cuestiones irrenunciables a las que hay que enfrentarse. Una mayoría social que reivindica el Estado de bienestar, la redistribución de la riqueza y que ha tenido que asumir que en este país la corrupción se haya convertido en una forma de gobierno que ha permitido a una minoría enriquecerse a costa de los asalariados, a costa de la pequeña y mediana empresa, a costa de los autónomos, a costa de los jóvenes, a costa de las mujeres, a costa, en definitiva, de las mayorías sociales. Por lo tanto, cualquier acuerdo en clave de dirección y pilotaje de la nueva transición, tiene que asumir que la desigualdad y la corrupción son incompatibles con un desarrollo histórico deseable para nuestro país.

Y esto está configurando ya electoralmente dos bloques: un bloque de la restauración, que sigue defendiendo formas de gobernabilidad en Europa que tienen que ver con la manera de organización política y económica del neoliberalismo, y que son, hablando en plata, partidarios de los recortes, de las privatizaciones, de convertir los servicios públicos en mercancías para hacer negocios con sus amigos y de que los poderes financieros sigan actuando con absoluta impunidad.

Por otra parte, hay otro elemento muy preocupante también y que tiene que ver con la Corona. Me pareció profundamente decepcionante el discurso que las pasadas navidades profirió el Jefe del Estado. Un discurso que obvia la desigualdad y la corrupción, y que se empeña en repetir el nombre de nuestro país olvidándose de la gente que lo habita. Por desgracia, la jefatura del Estado está asumiendo con mucha torpeza —seguramente muy mal asesorado— formar parte del bloque del inmovilismo en la nueva transición.

Queda la duda de saber qué va a hacer el PSOE. Insisto en que nosotros tenemos que seguir tendiendo la mano para tratar de que los sectores más sensatos, a los que, por desgracia, parece que no les dejan abrir la boca en las últimas semanas, digan de qué lado están. Parece claro que hay una parte del PSOE, la señora Díaz o el señor García-Page, que comparte hoja de ruta con el PP, con Ciudadanos y con el bloque inmovilista.
A nosotros esto nos parece una pena y seguiremos abiertos a todos esos sectores del Partido Socialista que asumen que fue un error la reforma laboral del 2010 y la modificación del artículo 135 de la Constitución sin consultar a los ciudadanos, que reconocen equivocado votar con el PP el 75% de las veces en el Parlamento Europeo, que no entienden haberse posicionado a favor de unas políticas de austeridad impuestas por Europa y que comprenden que el hecho de que haya expresidentes y exministros en consejos de administración hace que la gente se pueda sentir estafada. Debemos estar comprometidos en ese sentido. En la actualidad hay dos partidos socialistas, uno que está con el PP y otro que querría avanzar, ese sector sensato que entiende que la unidad de España se tiene que ganar por vías democráticas y no desde la imposición o desde la torpeza inmovilista, encontrará todo nuestro apoyo.

En lo que se refiere a nosotros como fuerza política, básicamente tenemos que definirnos como una formación que defiende la Europa social, que entiende que la democracia tiene bases materiales que se fundamentan en los derechos sociales, que es consciente de que hay que revertir las privatizaciones, que cree necesaria una reforma fiscal progresiva, que está convencida, en última instancia, de que el proyecto político europeo adquiere sentido en la medida en que se respeten los derechos civiles y políticos de sus ciudadanos, y esto implica un cambio respecto a la orientación de los últimos años marcada por el dominio de las finanzas.

En lo que respecta a la defensa de la unidad de nuestro país, nosotros y las distintas formaciones con las que nos aliamos debemos ser la fuerza política de la fraternidad. Ada Colau, que es, en estos momentos, la presidenta moral de la Generalitat, a la vista de lo que estamos viendo en Cataluña, dijo algo muy importante en Madrid, en la Caja Mágica: “Sois la capital de la fraternidad”. Nosotros estamos demostrando que se puede construir un futuro fundamentado en la diversidad y la fraternidad, algo que parece obvio a la vista de nuestros resultados electorales y que atrae por igual a ciudadanos en el País Vasco, en Cataluña, en Galicia, en Madrid, en la Comunidad Valenciana, en Baleares o en Canarias.

No se trata de líneas rojas, se trata de una cuestión de responsabilidad para con el futuro de nuestro país. De tal forma que si nos preguntan si defendemos que en Cataluña debe haber un referéndum, responderemos que por supuesto. Pero es que esto no lo hemos inventado nosotros, esto lo inventó antes que nosotros el PSOE, que defendió por activa y por pasiva fórmulas de consulta pactada en Cataluña. En esto tenemos que ser muy claros, al tiempo que establecemos cuáles son nuestras prioridades, que tienen que ver con la justicia social.

La primera de ellas es que nuestro país vive una situación de emergencia social, y lo urgente, a lo que nosotros nos vamos a dedicar en las próximas semanas es a presentar una proposición de ley que hemos llamado «Ley 25 de emergencia social» en honor al artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Al mismo tiempo, vamos trabajar para buscar consensos con el objetivo de revertir las principales leyes que han hecho tanto daño a nuestro país, como pueden ser la Ley Mordaza, la LOMCE y las reformas laborales, tanto la de 2010 como la de 2012, y esto tiene urgencia y preeminencia sobre cualquier otro asunto en las próximas semanas. No hemos llegado al Parlamento para hablar de sillones, hemos llegado al Parlamento para que se hagan leyes, y por eso tenemos que seguir trabajando en el diálogo con el conjunto de las fuerzas políticas.
Nuestras propuestas de Estado, porque cuando se está produciendo una transición en nuestro país hay que hablar de Estado, las hemos dicho muchas veces y las vamos a repetir. En primer lugar, blindaje constitucional de los derechos sociales. Esto no es una exigencia particular de Podemos, esto forma parte de una nueva gramática política y de las aspiraciones de una mayoría social en nuestro país. Prueba de ello es que, retóricamente, muchas fuerzas políticas nos han copiado sin citar al autor, incluso en la terminología “blindaje constitucional”. La Constitución Española ha de señalar que los derechos sociales tienen el mismo nivel de protección en términos normativos que los derechos civiles y políticos.

Reforma del sistema electoral. Para nosotros es absolutamente ineludible. Tenemos un sistema electoral injusto y así lo perciben los ciudadanos. La propia Constitución habla de proporcionalidad en el sistema electoral español y, sin embargo, un mecanismo poco defendible como las circunscripciones provinciales, hace que tengamos un sistema electoral de efectos mayoritarios. Es ineludible que se haga una reforma del sistema electoral en nuestro país.

Corrupción. A este respecto, dos exigencias clave: garantías constitucionales frente a la corrupción y, al mismo tiempo, asegurar que deje de ser una forma de gobierno. Cuando decimos que hay que prohibir las puertas giratorias, cuando señalamos que no es aceptable que exministros y expresidentes estén en consejos de administración de empresas estratégicas, les estamos llamando, con toda la educación y con toda la calma, corruptos, porque hay formas de corrupción legal. Cualquier ciudadano, independientemente de lo que haya votado en el pasado, entiende que es impresentable e inaceptable que haya exministros y que haya expresidentes cobrando cantidades de dinero vergonzantes en consejos de administración de empresas estratégicas.

En lo que se refiere a la justicia, nosotros decimos que la Constitución tiene que asegurar la independencia del poder judicial y para ello hacemos propuestas concretas. No se puede volver a repetir que en este país jueces y magistrados, que han estado cobrando de la fundación vinculada al partido del Gobierno, sean los responsables de juzgar a presuntos corruptos de dicho partido. No se puede consentir que en este país el Tribunal Constitucional sea utilizado políticamente por el Gobierno o por los partidos políticos. El Tribunal Constitucional tiene que estar para otra cosa, no para tratar de solucionar lo que la clase política es incapaz de solucionar.

Y, por último, soluciones democráticas a los problemas territoriales que se planteen. Nosotros somos defensores de la unidad de nuestro país, pero la queremos ganar por vías democráticas, no por la imposición.

Esto enmarca cualquier elemento que tenga que ver, a mi juicio, con un debate de investidura. Por eso consideramos que todos aquellos debates que tengan por objetivo conformar un gobierno alternativo al PP han de ser públicos. En los últimos años, el notable avance de las telecomunicaciones ha hecho posible que los ciudadanos puedan acceder de un modo mucho más directo a lo que se discute. Nuestra disponibilidad es plena para que se debata con luz y taquígrafos cuáles son los problemas de nuestro país. Igual que nosotros estamos presentando este informe público para que lo escuche todo el mundo, entendemos que el resto de fuerzas políticas tendrán que decir abiertamente a la sociedad lo que piensan de España.

En este sentido, tenemos la obligación de impulsar esos espacios de diálogo con fuerzas políticas pero también con los actores de la sociedad civil. Podemos nació para eso; para ser un instrumento político en manos de los ciudadanos y de los movimientos sociales, por eso entendemos fundamental que los partidos no roben el protagonismo a la gente. Estamos obligados a abrir espacios de deliberación para que, nunca más, el Congreso de los Diputados sea una especie de jaula en la que se toman decisiones a espaldas de los ciudadanos y disfrutando de unos privilegios que quedan vetados a la mayoría de ellos.

En lo que respecta a la valoración de la precampaña, la campaña y en general el trabajo político que hemos ido desarrollando en los últimos meses, no puedo más que agradeceros la dosis de energía que habéis proporcionado en todo momento y muy especialmente en aquel difícil Consejo Ciudadano después de las elecciones catalanas.

Quisiera aprovechar también para dar las gracias a diferentes actores que considero cruciales en el proceso que hemos puesto en marcha. En primer lugar, a la militancia y a los círculos de Podemos, cuyo entusiasmo ha sido imprescindible y, en algunos casos, incluso heroico, como el de aquel compañero de Cantabria que recorrió a pie decenas de kilómetros como apoderado, algo que expresa muy bien lo que cientos y miles de militantes y voluntarios anónimos han hecho en esta campaña electoral y marca la diferencia respecto de otras formaciones políticas.

En segundo lugar, quisiera agradecer a los candidatos, así como a todos aquellos que han hecho posible las campañas territoriales, sin duda las más difíciles, pues son las que no cuentan con los equipos de medios y con las redes estatales de Podemos. Debería mencionarlas todas pero me voy a referir a dos que me han impresionado; el trabajo en el País Vasco de Eduardo y Nagua, felicidades a ambos, y la labor, también encomiable, que se ha llevado a cabo en Madrid, con Tania, Emilio y Luis Alegre a la cabeza. Cuando estás inmerso en la campaña central no siempre es fácil darte cuenta, pero lo cierto es que habéis hecho un enorme esfuerzo y sin vosotros mucho de lo que hemos conseguido no hubiese sido posible.

He de felicitar también a los senadores y senadoras, a los parlamentarios de las asambleas autonómicas y a los concejales, no solamente por el trabajo que han hecho en campaña, sino también porque su ejemplo ha sido la demostración de que no solamente podemos llegar a las instituciones, sino que podemos gobernar mejor.

Quiero agradecer especialmente el trabajo interno en los territorios de Sergio Pascual y Juanma del Olmo, que ha sido fundamental para coser los consensos y la fuerza necesaria para avanzar. Y cómo no al equipo de Bruselas, a Pablo Bustinduy y Tania González, así como a todos nuestros eurodiputados que fueron nuestra primera representación parlamentaria y que han hecho un trabajo excelente.

No puedo olvidarme tampoco del trabajo a nivel programático, con Carolina Bescansa a la cabeza. Creo sinceramente que hemos marcado un antes y un después en la manera de presentar los programas en una campaña electoral en España. En este sentido, mi obligación es agradecer todas las aportaciones que se han ido haciendo, con especial mención para el equipo de argumentario, que hizo un trabajo excelente, y para la secretaría de Economía, con Nacho y Alberto trabajando muy duro para que nuestro programa tuviera una memoria económica, una rara avis en los programas políticos de nuestro país, que definitivamente marcó la diferencia.

Hemos hecho una campaña muy inteligente en la que instalamos de manera inequívoca para todos el concepto de remontada. Una campaña en la que el trabajo del Consejo de Coordinación, junto con los equipos de producción y comunicación ha sido sencillamente espectacular. Sin olvidar, por supuesto, al equipo de redes; primordial el trabajo de Guillermo, Eduardo y el resto de integrantes.

También, desde aquí, quisiera dar la enhorabuena a los responsables de producir materiales audiovisuales; vuestro trabajo ha sido excepcional. Sin olvidarme de todos los que han hecho posible la caravana, como tampoco de los que, con Rafa Mayoral al frente, habéis sido los carteros del cambio, marcando un estilo nuevo de hacer campaña. Recuerdo ahora el increíble trabajo que se hizo para diseñar el modelo de La calle pregunta, ideado inicialmente por Irene Montero e inspirada, a su vez, por los ayuntamientos del cambio, demostrando que se puede hacer una campaña cercana a la gente.
Quiero agradecer, cómo no, la labor de los portavoces, porque creo que en eso Podemos ha sabido marcar la diferencia respecto a otras organizaciones políticas. Hemos evidenciado que teníamos banquillo; cada uno de los portavoces ha destacado muchísimo, pero creo que el papel de Errejón, y de la Secretaría Política, ha sido sencillamente extraordinario, dejando muy alto el pabellón y demostrando que, en cuestión de doses, nuestra formación ha llevado claramente la voz cantante.

He de destacar también la política de alianzas e incorporaciones. Empezando por las segundas, quiero agradecer el trabajo, no siempre reconocido, que durante más de un año llevó a cabo Rafa Mayoral y que permitió que tuviéramos un candidato como Julio Rodríguez. Si algo lamento de estas elecciones es que Julio no haya sido elegido diputado, pero cuento con él y estoy convencido de que va a ser una pieza fundamental en los próximos años. También quisiera dar las gracias a Vicky Rosell, Juan Pedro Yllanes, Juantxo López de Uralde, Juan Antonio Delgado y Rosana Pastor, todos ellos figuras de prestigio que se han ido incorporando y han ayudado a crecer este proyecto.

En lo referido a las alianzas con fuerzas políticas hermanas, como bien sabéis, no siempre fueron fáciles de tejer. Pero hemos sido capaces de llegar a acuerdos asumiendo que lo que nos interesaba no era, en ningún caso, una suma de siglas, sino una suma de estilos políticos nuevos. Una apuesta que no sólo tenía que ver con nuestro respeto por la plurinacionalidad, sino también con una nueva forma de entender la política. Quisiera mencionar algunos nombres propios que han tenido mucho que ver a la hora de tejer esas alianzas tan importantes. En el caso de Cataluña, por ejemplo, ha sido clave la labor de Íñigo, Sergio Pascual, Irene, Raimundo Viejo y Jessica. En la Comunidad Valenciana todo habría sido mucho más complicado sin Ángela, Antonio y Sandra, y en Galicia, que aunque muchos quizá lo desconocéis fue la confluencia más difícil de las tres, y que si se hizo realidad es por compañeros como Breo y Tone.

Creo que hay que hablar también en este informe de lo que fue nuestro intento sincero de incorporar a Garzón y su gente en este proyecto. Todos recordaréis el pasado Consejo Ciudadano en el que os pedí margen para iniciar ese proceso, y sabéis que hicimos todo lo que estuvo en nuestra mano. Lamentablemente la dirección del partido de Alberto no entendió esto, lo cual nos parece legítimo, no así las continuas provocaciones que han cortado puentes y que hemos sorteado con elegancia, de modo que gracias también por el talante demostrado.

No puede faltar, máxime en una formación como Podemos, una valoración de nuestra campaña televisiva. Creo que hay un punto de inflexión en el que habría que detenerse. Lo sitúo en el debate histórico que se produce en Salvados, en aquel histórico cara a cara con Rivera, del que no salimos satisfechos porque contribuyó a instalar una percepción de cansancio y de pérdida de efectividad. Pues bien, hoy podemos decir que aquel debate fue el inicio de lo que algunos medios de comunicación llamaron “el efecto Rocky Balboa”, hasta el punto de que todas las intervenciones posteriores señalaban claramente esa tendencia de remontada.

A partir de entonces, sé que me habéis visto muy bien en televisión, pero esto no es resultado de las vitaminas, tampoco del footing, sino que es el resultado de un trabajo excepcional de la Secretaría General con Irene Montero a la cabeza. Ahora se puede revelar que el minuto de oro tiene muchos y diversos orígenes, pero la forma en que se perfiló un momento que pasará a la historia de nuestro país lo definió Irene de la mano de un equipo que ha sido determinante, y al que me gustaría también dar las gracias. Sería complicado mencionarles a todos y todas; Laura, Paz, Belén, Juanma, Laura Arroyo, Ángela, Jorge, Pablo Prieto, Dina, Ricardo, Noe, y tantos otros. Me estoy dejando nombres pero quería transmitiros que ese equipo, que muchas veces es invisible, son los artífices de que en los debates televisados nos fuera tan bien.

Respecto al resultado de las elecciones, voy a ser más breve porque ya lo hemos analizado otras veces. Se abre una nueva etapa en nuestro país que definitivamente acaba con el turnismo como forma de gobierno político. El PP obtiene sus peores resultados desde 1989 y el PSOE el peor resultado de su historia democrática en los últimos 40 años.

En el caso de Podemos, con la única excepción de Aragón, subimos en todas las comunidades autónomas y, en algunos casos, de manera espectacular, como señalábamos antes: primera fuerza en Cataluña con En Comú Podem, primera fuerza en Euskadi, segunda fuerza en la Comunidad Valenciana, Navarra, Galicia, Baleares, Canarias y, por supuesto, Madrid. Un resultado que muy pocos podían imaginar, 15 días, un mes, mes y medio o dos meses antes de los comicios.

El resultado de Ciudadanos constata un pinchazo de la burbuja, algo que ya vaticinamos en campaña, pero que quizá se produjo con mayor severidad incluso de lo que habíamos calculado. Paradójicamente, si Ciudadanos no hubiera pinchado tanto y no hubieran llevado a cabo una campaña tan plagada de errores, seguramente nosotros seríamos la segunda fuerza política, es más que probable que ese pinchazo fue lo que permitió que el PSOE se mantuviera por encima del 20% y que el PP recuperara cierto oxígeno.
Con respecto a Izquierda Unida, aunque algunos han querido leer una suerte de maldad en esto, creo que han tenido un resultado excelente y magnífico a la vista de las circunstancias históricas de nuestro país, y creo que la clave de ese resultado tiene que ver con su candidato, al que se le debe felicitar. Estoy convencido de que si hubieran concurrido con el mismo candidato de hace cuatro años, ni de lejos se hubieran acercado al millón de votos.

En lo referente al resto de formaciones políticas, UPyD parece que desaparece definitivamente de la vida política española; el BNG queda en una posición muy comprometida; y en el caso de otras fuerzas políticas, a pesar de que hay cambios de tendencia, se mantienen estables. Todo apunta a que Convergència Democràtica de Catalunya y su nueva marca se queda como el hermano débil del proyecto Junts pel Sí, y que Esquerra Republicana de Catalunya se convierte en el principal socio de esa coalición. Los partidos políticos vascos, aunque con diferente intensidad, —quizás el mayor contraste es el resultado de Bildu respecto a las elecciones de hace cuatro años— revelan la solidez y estabilidad de sus bases electorales; y lo mismo cabría decir de Coalición Canaria, que sigue teniendo una presencia parlamentaria consolidada.

En cuanto al futuro próximo, considero que se abren tres posibles escenarios. El primero es el de una gran coalición a tres con diferentes modalidades. Una de ellas es que los tres (PP, PSOE y Ciudadanos) estén activamente en esa coalición, otra pasa porque el PSOE optara por permitir el gobierno del PP por pasiva, con una eventual abstención o con un eventual cálculo electoral que pudiera implicar, quizás, un cambio de líder o buscar suerte en unas elecciones a corto plazo, pero, en cualquier caso, estaríamos hablando de una gran coalición. Este es el escenario, evidentemente, preferido por Merkel y por buena parte de las empresas del IBEX 35, y parece, a la vista del discurso del monarca el día de Navidad, que también es el preferido por el Jefe del Estado.
Por otra parte, según los derroteros que tome el procés, es probable que la situación en Cataluña pudiera incentivar al PSOE a sumarse a esta gran coalición de la restauración y el inmovilismo. No es el escenario que nosotros queremos y nuestro objetivo es tender la mano para explorar la posibilidad de que el PP no gobierne otra legislatura. Pero también parece obvio, a la vista de las líneas rojas y los límites que han marcado los que parece que mandan en el PSOE, que su opción predilecta es que siga gobernando el PP. Por eso, ya en su día les dijimos, y hoy toca repetirlo, que dejen de hacer teatro y digan claramente qué es lo que quieren hacer; si van a permitir que Rajoy gobierne o van a discutir de los problemas de Estado sin líneas rojas, sin imposiciones ni teatrillos. Para nosotros es complicado no saber cuál es nuestro interlocutor, si los que deciden son Susana Díaz, Emiliano García-Page o Fernández Vara, no tendremos problema en asumirlos como interlocutores y dialogar con ellos, pese a que nos da la impresión de que el PSOE que representan tiene una idea de España y de la justicia social demasiado parecida a la del PP y Ciudadanos.

El segundo escenario es el de un gobierno alternativo al PP que, inevitablemente, tendría que asumir las claves de la nueva transición que estamos viviendo en España, lo cual implica una respuesta urgente a la situación de emergencia social y el abandono de posiciones inmovilistas.

Y, por último, un tercer escenario que implica unas nuevas elecciones. No es el que nosotros deseamos, pero si otros lo fuerzan, asumiremos dicho escenario con plena voluntad de ganar esas elecciones generales y creo que tendríamos posibilidades de hacerlo.

Para concluir este informe, os propongo cuatro líneas de trabajo que considero esenciales. En primer lugar, para nosotros es fundamental dejar claro que no vamos a entregar el gobierno de España a Mariano Rajoy, de modo que asumiremos el liderazgo si otros se ven incapaces de hacerlo, impulsaremos el diálogo entre todas las fuerzas políticas que puedan hacer frente a ese gobierno, en definitiva, actuaremos frente a la parálisis que padecen los que señalan todo el tiempo líneas rojas. En ese sentido, somos conscientes de que quizá debemos ser los impulsores de una nueva transición y que por ello hemos de tender la mano a los sectores más sensatos del PSOE, que de momento no hemos escuchado pero que sospechamos que existen. Apelamos a unos sectores que entiendan que es el momento de responder con urgencia a la situación de emergencia social que vivimos, de revertir las leyes del PP, de asumir que la unidad de nuestro país se tiene que construir desde el diálogo con diferentes fuerzas políticas y en el terreno de la democracia, no en el de los tribunales. Esto no es algo que plantee Podemos, esto es el resultado de una configuración histórica que estamos viviendo.

En segundo lugar, creo que es fundamental que impulsemos el protagonismo de la sociedad. Nosotros nacimos para ser un instrumento de los movimientos sociales, de la sociedad civil y de los ciudadanos de nuestro país y es fundamental que esto no se convierta en un debate de partidos. Hemos de tener la disponibilidad suficiente como para estar presentes en todos los foros públicos. Se trata de seguir construyendo espacios de interlocución con los movimientos sociales y con la sociedad civil para que sean protagonistas de este proceso.

En tercer lugar, nunca más un parlamento de privilegiados de espaldas a la ciudadanía. Los diputados de Podemos, como ya han venido demostrando en el Parlamento Europeo, en las asambleas autonómicas, en los ayuntamientos y en el Senado, tienen que ser, desde el primer día, un ejemplo de que se puede representar al ciudadano de otra forma.Y, por último, es fundamental poner en marcha cuanto antes una agenda parlamentaria, que implica, en primer lugar, impulsar la Ley 25 de emergencia social, una ley que a buen seguro va a retratar a mucha gente. Así como derogar las peores leyes del PP e iniciar el camino para cambiar una ley electoral injusta.

Me vais a permitir que termine este informe con uno de nuestros grandes maestros, el señor Antonio Gramsci, que señaló tres necesidades, que son las necesidades políticas fundamentales del momento para nosotros. Necesitamos toda nuestra inteligencia, necesitamos todo nuestro entusiasmo, necesitamos toda nuestra fuerza para seguir demostrando que sí se puede.