No voy a descubrir nada nuevo si digo que vivimos en un sistema patriarcal con una condición androcentrista de la sociedad donde el sexismo sería la estrategia y el machismo la manera de llevarlo a cabo. Es un sistema pensado para que las mujeres seamos como hombres, o al menos que nos comportemos como tales si queremos ser tratadas igual que ellos pero con pelazo.

Esto, evidentemente, nos deja sin opciones, aparte de lo aburridísmo e insípido que supone vivir en un mundo que está perdiendo un punto de vista, el femenino, que –¡oh sorpresa!– posee más de la mitad de la población. Pero es que además es muy peligroso y dañino para todos, pues el sexismo, el machismo y el androcentrismo son los únicos factores de riesgo que propician las violencias machistas. ¡¡Boom!!

Este sistema, el patriarcal, mutila a la mujer no solo en su desarrollo como sujeto activo de la sociedad, sino esculpiendo su físico (alta, guapa, tersa, suave y delgada), su personalidad (dócil, sumisa, perdedora), su carácter (dulce, comprensiva, cariñosa), su depilación púbica (mata, triángulo, caminito, pelón), su forma de relacionarse con los demás pero también con ella misma (la violencia que las propias mujeres nos autoinfligimos como consecuencia de una educación patriarcal, represiva y exigente es brutal y despiadada, eso sin tener en cuenta el sentimiento de culpa y vergüenza que nos genera, atención; querer ser nosotras mismas) y silenciando su voz, acostumbrándola a tragar, en general.

Se nos priva de tener control sobre nosotras mismas, no de forma directa que-eso-es-machista-y-el-machismo-no-existe-ya-eso-era-antes, ajá, sino de una forma mucho más sibilina y perversa, es decir, puedes hacer lo que quieras si eso que quieres es lo que quiero yo –hombre heterosexual cis blanco– o te insultaré, despreciaré, humillaré, descalificaré y pondré en duda tu valía como persona e incluso tu estabilidad emocional. Por supuesto nunca conseguirás nada por tu esfuerzo sino por tu cara bonita, tus habilidades sexuales, tus pechos o la manipulación de la realidad utilizando la mentira y/o el victimismo para ello. Además, te culparé de poca personalidad o baja autoestima si no soportas toda esta presión social que recae sobre ti, porque nadie es perfecto pero tú mujer lo debes aparentar, si te gusta, si te compras sujetadores push up, te maquillas y te tiñes.¡¡Socorrooooooooo!!

Curiosamente el hombre no se libra de esta mutilación mediante expectativas de masculinidad imposibles de cumplir. Consecuencias del machismo en los hombres heterosexuales:

Confusión de conceptos. Puede parecer, así de primeras, que es algo con lo que se puede vivir y, bueno, por poder se puede si quieres vivir sin enterarte de nada, claro. Empecemos por lo básico:

Machismo. Conjunto de actitudes físicas o verbales de prepotencia con respecto a lo que no se identifique como macho.

Feminismo. Movimiento social y político referente a la liberación de la mujer.

Hembrismo. Sería el sistema imaginario si reviviéramos miles de años de cultura patriarcal pero al revés.

Feminazi. Término creado para ridiculizar el feminismo y sus reivindicaciones empleado por gente machista. Su equivalente racista sería el típico machupichu utilizado para referirse a los sudamericanos.

Depresión. Un hombre desde que nace hasta que muere debe cumplir el rol que tiene asignado en la vida, que consiste, básicamente, en trabajar y ser atendido por ello. Cuando se jubila, dicho rol desaparece y cree (erróneamente, así le fue inculcado) que no sirve ya para nada. No encuentra su lugar en la vida fuera del trabajo y eso le produce mucha inseguridad y depresión; se enfrenta a una vida donde ya no es el dominante. El hecho de que sean los hombres mayores de 55 años los que mayores dificultades tengan a la hora de reincorporarse al mercado laboral reafirma lo dicho.

Presión por tener cuanta más vida sexual mejor. Es terrible que la honra de una mujer se encuentre en su himen, pero que la valía como macho se encuentre en el número de mujeres con las que ha mantenido relaciones sexuales, no lo es menos. Insertar aquí cualquier meme de Julio Iglesias. Un hombre que no demuestre superioridad hacia su pareja será tildado de calzonazos y será objeto de chistes y bromas.

Amputación emocional. Educar a los hombres a hacer uso de la fuerza en vez de enseñarles habilidades sociales para resolver conflictos es amputarles emocionalmente. El aprendizaje social y emocional es necesario para vivir en una sociedad sana porque percibir y gestionar los sentimientos propios e interpretar las expresiones de las emociones de los demás, hace que nos enfrentemos a los conflictos de una forma ética y eficaz.

Desprecio ante lo no macho. Debe ser agotador vivir en un continuo “yo la tengo más larga”. Establecer las relaciones sociales, laborales y familiares en términos de dominante-dominado solo provoca frustración porque todos somos dependiendo de las circunstancias.

Ceguera empática. Al no estar desarrollados plenamente, al privarles de las emociones, les cuesta mucho ponerse en lugar del otro, preocuparse por aquellos que se encuentran en situaciones menos favorables. No son conscientes de que cuentan con privilegios y creen firmemente que todos estamos en igualdad de oportunidades.

Vacío del alma. Es una consecuencia directa de la amputación emocional y, quizá, el mayor daño que se les puede hacer. No ser un sujeto activo en la crianza de los hijos, por ejemplo, les reduce a una máquina a medio camino entre un cajero con patas y un dispensador de semen. Cada risa que se pierden de su hijo es una risa que no recuperarán jamás. Las empresas deben tomar conciencia de ello y potenciar la conciliación, tanto de mujeres como de hombres, para que puede darse la corresponsabilidad.

Tendencia a la sequedad mental. Lo malo no es que sea un ignorante, lo malo es que no le importe serlo y casi que haga alarde de ello. Los hombres suelen justificar que no son machistas alegando que ni pegan a las mujeres ni se mofan de ellas. Pero sí se ríen con chistes machistas y guardan silencio en casos de violencia.

Creencias estúpidas, como por ejemplo que ser tratado como un objeto sexual debe molar mucho o la típica “yo si fuera mujer sería puta”. A ver, ser tratado como algo que no sea una persona no mola nada porque anula tu poder de decisión y, sinceramente, no es puta lo que queréis ser; queréis tener control sobre vuestra vida, sexual incluida, y acostaos con quien queráis cuando queráis y como queráis sin ser humillados, insultados, menospreciados y desvalorados por ello. ¡Queréis ser feministas!

Vida sexual insatisfactoria. Las mujeres reprimidas y sometidas difícilmente podrán disfrutar del sexo porque las han educado para asociarlo con algo malo y pecaminoso. Vamos, que no os van a chupar jamás bien la polla mientras exista el machismo, hablando en plata.

Tanto los hombres como las mujeres sufrimos el machismo, no hay duda, pero lo sufrimos de una forma asimétrica: para los hombres, algunas desventajas y muchas ventajas, para las mujeres, todo desventajas.

El machismo es un elemento de control social y un fenómeno complejo que cambia constantemente de forma, para no cambiar en su esencia mutiladora y discriminatoria. Una de las maneras en que el machismo se perpetua en el tiempo es negando ya no solo su existencia, sino la propia responsabilidad individual. Sólo haciendo un profundo análisis y una autocrítica de cómo cada uno de nosotros se relaciona con otros hombres y con las mujeres, podremos empezar a tomar conciencia y a liberarnos de nuestros niveles de machismo. Hay que replantearse qué significa ser hombre y hay que desaprender creencias arraigadas en nuestro bulbo raquídeo transmitidas de generación en generación. Esta es una responsabilidad que debe ser compartida tanto por hombres y mujeres como por el Estado, para así alcanzar un sistema feminista con la condición antropológica de género en el que la educación en igualdad de género sería la estrategia, y la equidad/libertad la manera de llevarlo a cabo.