En el aluvión de imágenes que proliferaron durante la campaña electoral, apareció también la de la actriz porno Amarna Miller, que voluntariamente quiso participar en tuiter con una foto de sí misma desnuda. Amarna es actriz porno y es feminista. Clara Serra habla con ella sobre sexualidad, deseo y fantasías en clave feminista.

Clara Serra (C.S.): ¿Cuáles son algunos de los retos o de las tareas pendientes que te parece que tiene el feminismo contemporáneo, y por qué crees que hace falta ser feminista todavía?

A. M.: Mira, me acabas de recordar a una pregunta que le hicieron al ministro de Canadá. Le preguntaron por qué en su propuesta gubernamental había tantas cosas a favor de la igualdad, y él respondió “porque es 2016”. Y esa es la respuesta; porque vivimos en un patriarcado y hasta que muchas personas no asuman que estamos bajo el yugo de una sociedad hecha por y para hombres, no podremos dar ningún tipo de avance en ningún sentido.

C.S.: ¿Cómo crees que es la relación entre el porno y el feminismo?

A. M.: Bueno, hay diferentes olas del feminismo. El feminismo original era abolicionista de la pornografía: básicamente porque se pensaba que el porno era una manera de subyugar a la mujer y de convertirla en un objeto, que al final es contra lo que lucha el feminismo; pero yo me considero dentro de la ola de feminismo pro-sex, que básicamente dice que mi cuerpo es mío y con él puedo hacer lo que me apetezca, y de alguna manera el hecho de poder recuperar el control de mi propio cuerpo, de mis propios deseos y de mi propia sexualidad es la forma de conseguir la liberación sexual. La liberación sexual es una de las grandes luchas del feminismo actual.

C.S.: ¿Puede el porno tener un uso feminista?

A.M.: Sí, completamente, de hecho, creo que hay productoras que están haciendo porno con perspectiva feminista. Me parece que como mujeres se nos ha culpabilizado mucho por nuestros deseos. Básicamente por temas religiosos, desde hace mucho tiempo, se nos dice que, si eres una mujer sexualmente activa, tienes una connotación negativa, que es algo malo, algo peyorativo: estás usada. Uno de los comentarios que más me hacen a mí por dedicarme a la pornografía es si no tengo miedo a que nadie me quiera en un futuro, si no tengo miedo a que ningún hombre pueda querer estar conmigo; y yo creo que esto es el ejemplo más concentrado del pensamiento que tiene la gente ahí fuera generalmente. El decir “si follas con muchas personas y eres una mujer, te va a costar encontrar pareja. La gente no te va a querer”. Y esto es terrible, básicamente porque se nos está intentando enseñar que nuestra valía depende de con quién nos acostemos o de con cuántas personas follemos y esto es una forma terrible de victimizar y culpabilizar a la mujer.

Eso sin contar con el tema de los deseos, que era un poco lo que comentabas tú en tu artículo de “Hegemonía y deseo” de La Circular, que, a propósito, me ha encantado. Como mujeres especialmente se nos explica qué es lo que tenemos y no tenemos que desear, qué cosas son políticamente correctas para meter en nuestro imaginario sexual y qué cosas son incorrectas a la hora de ejercer nuestro deseo. El tema, por ejemplo, que tú tocabas un poco por encima, de las fantasías de violación, que es uno de los temas más recurrentes dentro del imaginario sexual femenino, y que, desde luego, viene dado porque vivimos en un patriarcado y las figuras de poder son muy insidiosas dentro de la cultura. Pero, bueno, que no tiene por qué ser nada negativo, que al final aquí la única cuestión es que en el terreno de la fantasía todo vale. A mí me parece que el deseo debe fluir libre. Desde luego, por las condiciones en las que vivimos, por la sociedad en la que nos hemos criado y por todos los estímulos que sufrimos o que vivimos día a día, nuestros deseos están orientados hacia un lado y no hacia otro, pero no me parece que tener fantasías de objetivización o fantasías de dominación masculina sea algo negativo si sabemos por qué es, si sabemos que podemos encorsetarlo dentro de ciertas cajitas.

C.S.: Hay una cosa que sí que parece que se demuestra siempre. Lo que le resulta incómodo a la sociedad, y esto se ve muchas veces, lo que una sociedad no puede asumir y le hace sacar una especie de reacción alérgica, es que las mujeres estén empoderadas sexualmente y que las mujeres disfruten de su propio deseo, sea en la versión que sea, y sea que sea lo que deseen. Hay muchas manifestaciones que demuestran que cuando las mujeres son consumidoras, o cuando las mujeres son protagonistas, o cuando las mujeres son sujetos activos de su propio deseo, salen sarpullidos socialmente. Eso indica que ese es el camino que habría que andar, que las mujeres sean sujetos de deseo, siendo máximamente cuidadosas en no meternos en el contenido del deseo, porque es absurdo distinguir unos deseos mejores de unos peores.

A.M.: Totalmente de acuerdo. Y, fíjate, justo estabas hablando y estaba pensando que otra de las cosas que más me critican o que más me comentan por ser actriz porno es cómo no me siento culpable dando una imagen irreal de la sexualidad, dando por hecho que la pornografía es un medio educativo. Pero entonces pienso “espérate, ¿tú vas al cine a ver una película convencional pensando que vas a aprender algo?”. Me refiero a que si aprendes algo genial, pero será un efecto secundario. Tú vas para pasar un tiempo de ocio. El motivo y el destino de la pornografía no es educar a nadie, y de hecho, es problemático que esté educando a la gente porque eso significa que la educación sexual no es lo suficientemente buena o lo suficientemente plena como para que puedan encontrar otras fuentes de información a parte de la pornografía. O sea, realmente aquí el problema no es que el porno esté educando mejor o peor, sino que la gente no tiene otras cosas en las cuales basarse.

C.S.: ¿Qué te parece el postporno?

A.M.: El postporno me gusta como acción política. Me parece que la labor que hacen es necesaria a la hora de dar un discurso diferente, pero yo no lo englobo dentro de la industria pornográfica. Me parece un discurso político muy válido, pero que no tiene como objetivo el excitar sexualmente. Al final, a mí lo que me parece es que la postpornografía intenta salirse tanto del encorsetamiento del porno convencional que se sale tanto que se va, se va del porno. Se va a otros discursos que son muy interesantes como discurso[s] político[s], pero no tanto como la finalidad con la cual está hecha la pornografía, que es, básicamente, la excitación sexual.

C.S.: Otra cuestión es la del porno para mujeres, que sería otro tipo de porno pensado para una manera de entender el sexo y la erótica propia de las mujeres. ¿Cómo lo ves?

A.M.: Bueno, yo soy muy escéptica en este sentido. Yo creo en el porno feminista, pero no creo en el porno para mujeres y en el porno para hombres. Básicamente, porque me parece que los deseos de cada uno vienen dados por sus experiencias personales, sus vivencias, sus fantasías, su imaginario personal, … no por sus genitales, no por lo que tienen entre las piernas. Y de nuevo volvemos a los estereotipos y las generalizaciones, ¿no?. A las mujeres nos gusta el sexo suave, las luces brillantes, los besos y las caricias, y a los hombres les gusta las penetraciones en primer plano, y muchas tetas y mucho culo; cuando esto en realidad no es así. A mí, el tipo de pornografía que a mí, como mujer, me gusta, está mucho más cerca de lo que se supone que es considerado porno para hombres. Que tu deseo y tu imaginario se deba únicamente tu género, me parece delimitado, me parece binario y me parece que por el camino pierde un montón de matices que son los que dan sentido a la sexualidad.