El Mundial más allá del fútbol: política, derechos y refugiados

Mamen Hidalgo

Cristiano Ronaldo y Messi asumen todos los focos del Mundial. Sus éxitos o fracasos sobre el césped de los estadios rusos mantienen en vilo a millones de personas que durante un mes ya no piensan en la violación de derechos humanos en el país organizador. El gol lo templa todo. Dice el filósofo —y gran aficionado al fútbol— Simon Critchley que este deporte seda a quienes son adictos a él y distrae su atención sobre las luchas sociales de la época y el lugar en el que viven. “Deberíamos sospechar más del fútbol”. Pero el balón traspasa la pantalla, y alrededor del mayor evento deportivo se narran historias de refugiados, de lucha por los derechos LGBT o de pasión de las mujeres en países donde son oprimidas. El esférico magnifica el mensaje, y las primeras jornadas del Mundial ya lo han demostrado. No siempre para bien.

No había comenzado el Mundial y ya teníamos la foto que marca la agenda política en Rusia 2018. Debía ser casualidad que el partido inaugural, el de mayor foco mediático, lo disputaran la anfitriona y Arabia Saudí. Los dos mayores exportadores de petróleo han intensificado sus reuniones en los últimos meses para entenderse (y comerciar con armas), y la escena en el palco era una reunión más. Entre Putin y el príncipe heredero Mohámed bin Salmán se sentó Infantino, presidente de la FIFA, el organismo cuestionado por los activistas por sus adjudicaciones a países donde no se respetan los derechos humanos. “¡Qué le vamos a hacer!”, parecían decir.

Mientras Putin inauguraba el torneo con un discurso sobre las maravillas de su país, un activista ondeaba la bandera arcoiris en las gradas del estadio de Luzhniki, en Moscú. Alexander Agapov, presidente de la Federación Deportiva LGBT en Rusia, levantó esta bandera en cada uno de los cinco goles de Rusia. Fuera del estadio, en la Plaza Roja, el activista británico Peter Tatchell era detenido por manifestarse contra la violación de derechos humanos de los homosexuales en Chechenia.

El pasado viernes las mujeres tomaron el protagonismo del fútbol. Irán, único país que les prohíbe entrar a los estadios, disputaba con Marruecos el primer encuentro del grupo de España. Ganaron, pero el resultado fue lo de menos para las decenas de mujeres que disfrutaban libres en las gradas. “Dejad a las mujeres entrar en los estadios”, rezaban los carteles. Su lucha fuera del país que les oprime solo acaba de empezar. En el otro partido del grupo, Cristiano Ronaldo marcaba un ‘hat-trick’ a España después de su goleada a Hacienda. Horas antes del encuentro, acordaba dos años de cárcel y el pago de 18,8 millones de euros por cuatro delitos fiscales.

Ganaron Croacia y Serbia y empató Suiza ante la poderosa Brasil. Estas tres selecciones tienen en común la multiculturalidad y la inmigración. Los tres cuentan en sus filas con jugadores que fueron niños de la guerra. El croata Luka Modric, una de las grandes estrellas de este torneo, vivió en albergues durante años tras huir de Yugoslavia, como su compañero Dejan Lovren. Son dos de los refugiados que destacó FARE, una organización contra la discriminación. Junto a ellos, el serbio Vedran Corluka y los suizos Xherdan Shaqiri y Xhaka, de padres albano-kosovares.

México celebró la gran sorpresa del Mundial como si hubiera ganado un título. Pero su victoria ante la vigente campeona, Alemania, queda empañada por la actitud homófoba de sus aficionados dentro del campo, y las fiestas con prostitutas de sus jugadores en las horas previas. La FIFA no activó el protocolo de sanción cuando sus observadores escucharon gritos de “puto” al portero rival, Manuel Neuer, casualmente uno de los pocos futbolistas de élite que se ha manifestado públicamente a favor de ayudar a los futbolistas homosexuales. La ‘Tricolor’ tiene un expediente abierto, pero los tres puntos en su clasificación.

Hay partidos que parecen no dar mucho de sí, pero sorprenden al aficionado. Es el caso de la victoria de Bélgica ante Panamá, una selección aspirante a grande y una debutante. Sobre el campo, Édgar Joel Bárcenas. Sus robos se convirtieron en el festival del humor por motivos evidentes. Pero por muy bien que lo hiciera, enfrente tenía a Romelu Lukaku. Un doblete del delantero del Manchester United acabó con sus ilusiones. El ‘9’ narraba un día antes lo que había sufrido para llegar a la élite del fútbol. Con seis años, vio a su madre mezclar agua y leche. Pasaban semanas sin luz ni agua, y pedían pan que no podían pagar. Prometió a su madre ser futbolista y sacarle de la pobreza. Al verse en Rusia 2018, se acordó de su abuelo en un texto autobiográfico: “Tu hija está bien. Se acabó lo de dormir en el suelo”.

En la primera semana de competición, la ausencia de violencia es la mejor noticia. El fútbol está de enhorabuena cuando prostitución y hooligans no aparecen en los titulares habituales de estos grandes eventos donde se reúnen miles de hombres. Los prostíbulos han cerrado ante la presión policial, aunque los expertos advierten de que se estaría llevando a cabo de manera clandestina. Y las escenas de violencia en las calles que se vivieron en la Eurocopa de 2016 han desaparecido por completo. La extrema agresividad de hooligans rusos e ingleses prometía situaciones complejas, pero la escasa presencia de estos últimos por los duros requisitos para entrar el país dejan un torneo más festivo de lo habitual. Inglaterra ganó a Túnez y ese fue el titular.

Mamen Hidalgo es periodista deportiva

Post navigation

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario.
Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies