Con motivo de la victoria electoral de Syriza en Grecia el pasado 25 de enero, hubo múltiples reflexiones y artículos de opinión desde el mundo del análisis político, el periodismo de actualidad o la economía. La victoria del partido de Alexis Tsipras se trató desde muchos enfoques diferentes, alimentado con declaraciones de distintos protagonistas. Pero hubo una que llamó la atención a aquellos que seguimos con cierta atención lo que pasa en el mundo del deporte. El jugador del Barça B David Babunski escribió en su cuenta de Twitter tras conocerse el resultado electoral: “El #Cambio está en marcha. Que tiemblen porque el Equipo Humanidad se está formando”. Lo llamativo no era solo el apoyo público al partido de Tsipras, sino quién hacía la apelación y desde dónde la hacía. Un jugador con proyección profesional de uno de los clubes —empresa— más importantes del mundo. Un año antes, Babunski colgó en Youtube un vídeo que llamaba también la atención. Con sorprendente desparpajo, el jugador de origen macedonio y tan solo 20 años explicaba la situación de crisis mundial por medio de una pirámide en la que aparecía representado cómo el 5% de la humanidad gobernaba los destinos del 95%, y añadía: “La pregunta es: ¿Cómo es posible que un número tan reducido de personas contenga en sus manos tanta riqueza y el poder absoluto sobre la inmensa mayoría?”. La solución planteada por el joven futbolista era aparentemente sencilla: “Si nos unimos, ellos y su forma de vida caerán”. La victoria electoral de Syriza caminaba, para el jugador de las categorías de formación del Barça, en esa dirección. El “Equipo Humanidad” se apuntaba un tanto en Europa.

La reacción de Babunski no tuvo excesiva trascendencia. Los medios de comunicación deportivos lo trataron de forma breve, y en las informaciones lo reseñaron como una declaración de alguien que “no es un futbolista al uso”, cuyas declaraciones eran producto de su bisoñez e idealismo. Así recogía la noticia Eurosport: “El joven futbolista de origen macedonio con nacionalidad española posee una conciencia distinta y cargada de la rebeldía que le aporta su indomable juventud”1. El adjetivo “indomable” ponía en entredicho el valor de sus palabras, para el canal de información la postura del deportista era una cuestión de rebeldía juvenil.

Otro momento muy significativo del mundo que vivimos en relación al tratamiento informativo del deporte —especialmente si hablamos de fútbol— tuvo lugar en septiembre de 2012, en concreto durante un partido que el Real Madrid ganó en Granada contra el equipo local. Cristiano Ronaldo marcó dos goles pero no los celebró en el campo, algo que encendió las alarmas en la tribuna de prensa. Preguntado después del encuentro, el jugador portugués, rodeado de micrófonos y cámaras explicó los motivos: “No celebré los goles porque estoy triste. No voy a decir el motivo. No sé si durará mucho o no”. Decir que tras la declaración de Ronaldo tembló el mundo no sería exagerado. Sus palabras abrieron informativos, fueron portada en diarios y alimentó debates en todo el mundo. El rey del marketing, además de genial futbolista, atravesaba una depresión momentánea producto de causas desconocidas. Nadie sabía el motivo pero eso era lo de menos: “Triste” era un titular sugerente y suficiente para acompañar el nombre de Cristiano Ronaldo, que aterrizó en el Real Madrid en 2009, después de que el club blanco pagara 94 millones de euros al Manchester United.

Hay una tercera secuencia. Tras el estallido social del 15 de mayo de 2011, por el que miles de ciudadanos de todo el país tomaron las plazas de muchas ciudades y pueblos con una voluntad diversa de “democracia real”, el jugador de la NBA y la selección española de baloncesto Pau Gasol presentaba un campus de básket para chicos y chicas que se iba a celebrar en Cataluña y que él apoyaba. Preguntado por un periodista sobre cuáles eran sus impresiones del 15-M, Gasol respondió: “La situación del país es difícil y hay mucha gente que está pasándolo muy mal, es una manifestación pacífica de unos ideales. Están en pleno derecho de hacerlo y espero que tenga una repercusión positiva porque estamos atravesando un momento difícil como país y hay que tratar que las cosas vayan a mejor. Veo el 15-M como un acto de esperanza y de lucha por mejorar, por lo que hay que respetarlo, por supuesto”2. Al día siguiente, el periodista José Javier Esparza describía así la postura del baloncestista en el cavernario telediario de Intereconomía: “En los años 30 había miles de ricos europeos que elogiaban el mundo soviético por conseguir llevar a cabo determinados ideales. Este muchacho, que conviene recordar que es un millonario, que se ha ido fuera a ganar dinero, que tributa allí, mientras a nosotros nos esquilman…, me parece un impresentable, por ignorante y por confundir a la opinión pública española y por cobarde”3.

A la vista de estos ejemplos, y del tratamiento recibido por los medios, hay una evidencia: todo aquello que se salga de la norma —o del simplismo— es una alteración del discurso hegemónico con el que se trata el deporte desde los medios de comunicación. No hay margen, ni respeto, para aquellas voces que pongan en cuestión el relato dominante. No es un asunto menor, tampoco una casualidad. En España, el sector del deporte mueve actualmente el 3% del PIB de nuestro país y existen 20.000 empresas que generan más de 160.000 puestos de trabajo directos, uno de los de mayor crecimiento desde el punto de vista económico. Para que nos hagamos una idea del volumen de negocio, en el año 2013 el Real Madrid vendió 1.400.000 camisetas en todo el mundo. Teniendo en cuenta que la indumentaria madridista tiene un precio de venta al público de 80 euros —que puede llegar hasta los 100 euros si incluyes número y nombre—, el resultado es demoledor: el Real Madrid y Adidas facturaron el pasado año alrededor de 112 millones de euros en venta de camisetas del club blanco. De hecho, la camiseta de Cristiano Ronaldo es la más vendida en el mundo, por delante de la del jugador del Barça Lionel Messi. Así las cosas, para que el negocio sea redondo lo que interesan son los relatos de los superhéroes anodinos, no de los “indomables”. Se trate de Babunski o de Pau Gasol. Mejor reducir cualquier declaración reflexiva a un estereotipo antes de pasar página.

El deporte visto desde abajo
En el año 2010, el Consejo Superior de Deportes presentó un interesante estudio realizado por los profesores de la Universidad de Valencia Manuel García Ferrando y Manuel Llopis Goig, titulado Ideal democrático y bienestar personal. Encuesta sobre los hábitos deportivos en España 20104. En la presentación del trabajo, el entonces secretario de Estado para el Deporte, Albert Soler Sicilia, apuntaba: “Los españoles y españolas hacen cada vez más deporte: entre 2005 y 2010, el porcentaje de ciudadanos entre 15 y 75 años que lo practican ha pasado del 37 al 43%. El deporte se realiza de forma cada vez más desinstitucionalizada y con una gradual disminución de la finalidad competitiva”. Unos datos que, según diversas encuestas realizadas desde 2010, han ido en progresivo aumento. El deporte, como práctica, se ha instalado en la rutina de muchos ciudadanos. En el texto de García Ferrando y Llopis Roig se apuntaba una cuestión interesante de estas prácticas deportivas “cada vez más desistitucionalizadas”, decían los autores al hilo de ese empoderamiento de muchos ciudadanos en relación a la práctica deportiva: “La tesis que defendemos en este trabajo es que el deporte es, y puede ser todavía más, un ámbito en el que los ciudadanos pueden ejercer de manera limitada pero en primera persona su soberanía en el entorno de una sociedad democrática”. En esa coyuntura, conformada por una sociedad cada vez más relaciona con la práctica deportiva y por un negocio alrededor de las élites y los relatos vinculados al éxito, la balanza informativa es tremendamente desigual. No hay apenas espacio en la comunicación, ni tampoco voluntad desde las administraciones, para poner en valor la relación entre el deporte y la ciudadanía. Al contrario, el “deporte base” asiste atónito a un desmantelamiento progresivo de infraestructuras y accesibilidad. No sólo eso, que ya de por sí es grave, sino que en lo relacionado con la información, el discurso gravita casi exclusivamente alrededor del deporte de “alta competición”, aunque esté sembrado de valores reaccionarios, excluyentes o directamente inocuos, como la tristeza de Ronaldo. El tratamiento es tan sesgado que incluso cuestiones que en otras circunstancias sociales serían reprobables —como el racismo o la homofobia— se asumen con aparente normalidad.

Sin embargo, hay dinámicas que han crecido en los últimos tiempos y que son muy distintas a las del deporte que nos muestran los medios de comunicación convencionales. Cada vez con más fuerza, surgen como hongos nuevas experiencias que quieren relacionarse con el deporte desde abajo y en cooperación; ya sea entre deportistas, o entre éstos y los propios aficionados. De los primeros, un ejemplo muy evidente es el que tiene que ver con la escalada, disciplina que cuenta con una suerte de códigos de colaboración que se aproximan mucho a un ejercicio de apoyo mutuo colectivista. Entre los segundos, han emergido en los últimos años una suerte de clubes que ponen a los socios como patrimonio colectivo de los valores de identificación más allá del beneficio económico. En España, encontramos un ejemplo maravilloso en el Club de Fútbol Ceares, un conjunto de tercera división con sede en Gijón donde los socios son los propietarios del equipo en condición de igualdad con el personal que trabaja en el club. Siguiendo esta lógica —la de un club gestionado por sus socios—, el proyecto más conocido en Europa es el F.C. Manchester, fundado por exsocios del Manchester United cansados de la dinámica empresarial que había tomado la Premier y sus propios directivos, inversores ajenos al fútbol.

A finales de la década de los setenta, el escritor y periodista Manuel Vázquez Montalbán publicaba un artículo titulado ‘Los intelectuales ante el deporte’. El genial autor catalán señalaba: “El hecho deportivo es un hecho de masas, pero no sólo para las masas, sino también de las masas. Como todo hecho cultural, el deportivo participa de dos sujetos: el creador o programador y el receptor, el que en definitiva le da sentido”. Efectivamente, ese sentido del deporte es el que está emergiendo, cambiando una sintonía que parecía exclusivamente propiedad de los grandes equipos, los grandes nombres, la venta de camisetas y la mercadotecnia. Hay una voluntad de cambio de los valores hegemónicos relacionados con el deporte. Otro ejemplo lo encontramos en la provincia de Guadalajara, donde se ha creado una liga autogestionada por árbitros y jugadores cansados de la dinámica de las federaciones y los altos precios para inscribirse en los campeonatos. Así se definen ellos mismos: “La Asociación Salud Deporte y Formación de Guadalajara y Corredor del Henares (ASDFGH) nace en 2012 como una iniciativa de un grupo de personas, muy vinculadas al deporte de la provincia de Guadalajara, sensibles con la especial problemática social y económica”.

Ocurre que, mientras esto sucede, el relato que se proyecta desde los medios de comunicación es que lo trascendental es si un jugador se levanta un día diciendo que está triste. De esta forma, la pedagogía que se está alimentando en relación al deportista es la de la estupidez, mucho más si otros comportamientos y compromisos con la sociedad se devalúan. Algo que, especialmente en estos tiempos que vivimos, no es inocente. La democracia en relación al deporte se practica desde las canchas, las calles o las montañas de forma prácticamente autoorganizada, mientras administraciones, federaciones deportivas o medios de comunicación miran para otro lado. Sean de izquierda o derecha.

Aún así, hay excepciones que aventuran un cambio de paradigma, forzado por las propias pulsiones sociales. En mayo de 2013, la prestigiosa revista deportiva estadounidense Sports Illustrated, la más importante del mundo, publicaba en su portada una foto del entonces jugador profesional de la NBA Jason Collins con el siguiente titular: ‘El atleta gay’. En el interior de la publicación se dedicaba al asunto varias páginas, incluyendo una entrevista al propio Collins. Resulta interesante cómo plantean a sus lectores la elección del jugador para su portada y el espacio que dedican al asunto: “Esperad. Pueden abandonar la sala los que no estén interesados en el tema. No estamos hablando de los fanáticos que condenan la homosexualidad como si fuera algo abominable: esos ya están saliendo del aparcamiento. Nos referimos a la gente que gruñe cada vez que el deporte se convierte en un escenario para el cambio social y político, que quieren que sus competiciones sigan siendo oasis de simplicidad en este mundo confuso. Llevamos medio siglo escuchándoos, siempre tras los asuntos de Muhammad Ali, John Carlos, Renée Richards, Pat Tillman, el apartheid, el SIDA o la diversidad funcional. El deporte, al fin y al cabo, es donde pasan cosas en Estados Unidos. Cuando nuestro mundo deportivo analizado hasta el infinito y salvajemente popular aparezca por fin como el último indicador rezagado de un cambio cultural que ya está teniendo lugar, la pregunta que habrá que hacerse es: ¿cómo hemos llegado a esta situación?”5.

En cierta medida, la declaración de Babunski o la de Pau Gasol; la práctica de la escalada, también de otros deportes como el ciclismo o correr sin mayor voluntad que la diversión; la creación de clubes deportivos de base y ligas cooperativas; e incluso nuevos medios que de forma independiente están contando el deporte desde otro punto de vista, demuestran que el cambio cultural que se está produciendo también encuentra su reflejo en el deporte. Un espacio de ocio, salud, disfrute y sociabilidad en permanente crecimiento, como muestran las encuestas. Los tiempos están cambiando en la dirección de un viento que acepta cada vez menos la utilización del deporte como una cuestión únicamente económica. La burbuja de esa concepción única, elitista y diferenciada está a punto de estallar, mientras emergen proyectos deportivos desde la base que han decidido atarse las zapatillas sin atender a estereotipos construidos desde el pensamiento único. Queda menos para que las secciones de deporte de las redacciones de este país también se pregunten: “¿Cómo hemos llegado a esta situación?”. Motivo suficiente para no estar tristes cuando hablamos de deporte, porque como dice Bubanski el “Equipo Humanidad” está en marcha.

1 https://es.eurosport.yahoo.com/noticias/curiosport-babunski-futbolista-que-celebra-triunfo-de-syriza-184951167–sow.html

2 Pau Gasol ve en el 15M un “acto de esperanza y de lucha por mejorar la situación” http://www.20minutos.es/deportes/noticia/pau-gasol-15-m-esperanza-1088040/0/

3 http://www.periodistadigital.com/24por7/baloncesto/2011/06/22/jose-javier-esparza-pau-gasol-es-un-impresentable-y-un-cobarde.shtml

4 http://www.csd.gob.es/csd/estaticos/dep-soc/encuesta-habitos-deportivos2010.pdf

5 “So here we are, at last”. Sports Illustrated.
http://sportsillustrated.cnn.com/vault/article/magazine/MAG1207512/index.htm