De un vistazo
5
Cisneros y la España que alborea
Por Hugo Martínez Abarca

El pasado 22 de diciembre Ciudadanos presentó una proposición en la Asamblea de Madrid para defender la conmemoración del V Centenario de la muerte del Cardenal Cisneros. Desde Podemos defendimos la conmemoración de algunas de las obras de Cisneros (la fundación de la Universidad complutense en Alcalá de Henares, la Biblia Políglota…) pero dejamos claro que cuando fijamos referentes históricos a los que homenajear no lo hacemos sólo por promocionar el turismo, sino que estamos construyendo país, estamos diciendo cuáles son los referentes históricos que representen los valores que deseamos que vertebren nuestro país.

Defendió Ciudadanos en la Asamblea de Madrid que “Fray Francisco Jiménez de Cisneros es, sin duda, la personalidad que mejor encarna el nacimiento de una nueva época en España, el tránsito de la Edad Media a la Moderna.” En cierto modo es cierto lo que dice Ciudadanos: hay una España que quiere ver en personajes como Cisneros la construcción de la esencia una España uniforme, monolítica, que teme la diversidad cultural, religiosa, sexual y por supuesto nacional, la España que perseguía al diferente y que sigue queriendo hacerlo, por ejemplo en el obispado de Alcalá de Henares.

En Granada Cisneros sustituyó la política más o menos contemporizadora con los musulmanes de la capitulación y con la excusa de la revuelta del Albaicín mostró el lado más intolerante y duro: en 1501 decretó mediante una pragmática la conversión forzada de los moriscos granadinos, prohibió que los moriscos castellanos entraran en Granada. No era simplemente “lo normal” de una época sino que Cisneros fue un impulsor de la intolerancia, la discriminación y esa España una que tanto daño ha hecho a España sino que Cisneros sustituía políticas más o menos tolerantes o al menos contemporizadoras con uniformidad y dureza.

Escribía Federico García Lorca sobre la quema de manuscritos de Granada: “Se perdieron una civilización admirable, una poesía, una astronomía, una arquitectura y una delicadeza únicas en el mundo”. En ningún caso menos de 4.000 códices y rollos, grandes y pequeños. Eran textos religiosos o de poesía, Coranes, algunos de gran valor artístico, poemas místicos, colecciones privadas… Apenas conocemos la cultura granadina del siglo XV por la devastadora hoguera del inquisidor Cisneros. Recordemos que buena parte del conocimiento de textos clásicos (de filosofía, física, lógica, matemática, poesía, mitología, astronomía…) se preservó para occidente gracias a su cultivo en la España musulmana: el desastre de la quema de manuscritos no es meramente simbólico.

Hay que querer poco a España para pensar que España es eso: inquisición, intolerancia y vivan las caenas. Que la España auténtica es la que va de Santiago matamoros, Isabel La Católica y Torquemada a José María Aznar, esa España imperial que publicita la Comunidad de Madrid y que pasa por el Valle de los Caídos.

Cuando hablamos de qué referentes históricos tiene España estamos construyendo el país del futuro. Se refería Antonio Machado a esa España “que ora y bosteza, vieja y tahur, zaragatera y triste” como una España que engendrará un mañana por fortuna pasajero: “el vacuo ayer dará un mañana huero”.

España no es eso. Cisneros que  no encarna ni la España medieval ni la moderna ni el tránsito de una a la otra. Y desde luego no la España que queremos construir.

Decimos, con Machado que hay otra España: esa España que nace, esa España que alborea, esa España implacable y redentora, del cincel, de la maza y de la idea.

No es una España oscura, intolerante, monolítica y de tinieblas. La España que queremos construir es la de Maimónides, Averroes, Alfonso X el sabio y el Toledo de la convivencia entre distintos, la de los comuneros que se levantaron defendiendo sus derechos, y también es la de Salmerón, que lejos de llevar gente a la hoguera prefirió dimitir antes que firmar una pena de muerte, o la de los constituyentes de Cádiz que no aceptaron tutelas sobre su país a la hora de defender avances liberales. La España de Margarita Nelken y las mujeres que consiguieron votar en España antes que en muchos otros lugares de Europa. Es la España plural y federal de Pi i Margall cuya lápida en el cementerio civil nos recuerda que España necesita escuchar sus consejos si quiere mantenerse unida, la España heroica que se enfrentó al fascismo y a la dictadura, la España que quiso recuperar las instituciones para su pueblo en las plazas de todo el país, la España de Lorca, de Machado y del Quijote si no fuera porque lo que tenemos enfrente sí son gigantes.

Nuestro país no merece ser construido sobre los cimientos de la inquisición y la intolerancia, tenemos suficientes ejemplos en nuestra historia como para caminar a hombros de gigantes.

(Se puede ver mi intervención en el pleno, de la que saco buena parte de lo aquí escrito, en este vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=BzixGWrhw4I#action=share)